Clasicosis

Cine clásico: ‘El beso de la muerte’ en labios de un psicópata.

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Ficha: El beso de la muerte

Hay películas que irremediablemente están marcadas por sus secundarios. Pueden ser buenos títulos, tener unas interpretaciones más que solventes, un sólido guion detrás o una gran dirección que todo eso se ve eclipsado por un secundario que pasa por encima de todo ello, hace suyo el film y lo eleva a otro nivel. Un claro ejemplo de esto podría ser la temible señora Danvers, ama de llaves en Rebeca (Rebecca, 1940). Otra gran muestra de ello sería el aterrador Tommy Udo de quien hablaremos hoy.

“El beso de la muerte” (Kiss of death, 1947) es una buena película de cine negro, dirigida con maestría por Henry Hathaway y que pasará a la historia por proporcionar uno de los debuts en el cine más espectaculares. Richard Widmark comenzaría su andadura en Hollywood con un papel que le daría su primera y única nominación al Oscar, pero que a su vez se convertiría en un arma de doble filo ya que quedaría encasillado como villano y secundario de lujo durante muchos años.

 

El film está claramente dividido en tres actos. En el primero vemos como a Nick Bianco (Victor Mature) le pillan tras un atraco a una joyería. El fiscal Louis D’Angelo ( Brian Donlevy) le ofrecerá beneficios a cambio de delatar a sus compañeros pero Nick se negará. Cuando en prisión se entera de que su mujer se ha suicidado y sus hijas están viviendo en un orfanato Nick tendrá que replantearse muchas cosas.

Tommy Udo es un delincuente a quien conoce en la cárcel y a quien le pedirá un favor y con quien estará en deuda desde entonces. El gran peligro de Udo es que es un auténtico psicópata, un asesino despiadado y sin escrúpulos que no tiene límite ni control. En la primera parte del film no vemos a Udo en más de dos o tres escenas pero está tan bien escrito e interpretado que no hará falta más para que cada vez que aparezca todo nuestro cuerpo se ponga en alerta. Richard Widmark dota a Udo de un nerviosismo o estado de excitación que puede cambiar de polo en cuestión de segundos. Una risa absurda y nerviosa que demuestra el grado de locura del personaje y que nos aterrará un poco más cada vez que la escuchemos. Pero si algo hay en Udo que se nos queda grabado es la mirada. Unos ojos grandes, expresivos a través de los que vemos los mil estados por los que pasa este matón trastornado.

Los guionistas son dos grandes nombres de la época, Ben Hetch y Charles Lederer , quienes también escribirían la comedia ‘Me siento rejuvenecer’. A Hetch ya le habíamos visto moverse con soltura entre la mafia en 'Scarface, el terror del hampa' y a Lederer, aunque siempre irá unido a la comedia también cambió de estilo en títulos como 'El enigma de otro mundo'. El guion acierta metiéndose en la piel del preso sin preocuparse tanto por el plano judicial sino más bien en el personal, y creando una atmósfera cada vez más opresora sin necesidad de mostrar violencia o amenazas, sino teniéndolas presentes siempre en el ambiente.

Henry Hathaway hace un magnífico trabajo de dirección, ya no sólo de actores, sino que consigue que la película se vaya trasformando a medida que la trama avanza. Dota al film de un ritmo especial que llega a alcanzar un clímax de tensión en los últimos minutos que nunca podríamos haber imaginado al inicio de la historia.

 

La película, sacando a Widmark de la ecuación, se convierte en un film noir más que recomendable. Pero con la incursión de este gran personaje e interpretación se puede convertir hasta en un título imprescindible. Conocer a Tommy Udo es una experiencia que, desgraciadamente, no pasa a menudo. Pocas veces hay un secundario tan potente y robaescenas como éste, y estas oportunidades no hay que desaprovecharlas.