Clasicosis

Cine clásico: ‘La zarina’ ordena y manda sin piedad pero con gracia.

“Nicolai, si las acusaciones son ciertas ordenaré que te fusilen… cinco veces.”

Ficha: La zarina

Como pasó con 'Cena a las ocho' hoy hablaré de una comedia bastante desconocida, porque tengo debilidad por defender a los pequeños. Todo el mundo sabe que “La fiera de mi niña” (Bringing up baby, 1938) o “Arsénico por compasión” (Arsenic and old lace, 1944) son grandes comedias, pero hay títulos en la filmografía de ciertos directores que han quedado en el olvido, y yo siento que necesitan ser recordados.

El caso de “La zarina” (A royal scandal, 1945) es uno de estos. Una película que Ernst Lubitsch no cuenta como suya ya que la tuvo que abandonar por enfermedad y la terminó de rodar Otto Preminger, que venía de estrenar “Laura” (id, 1944), y tampoco la considera suya. A mí me da igual, como si dicen que es mía, lo importante es que esta extraña unión consiguió un resultado fabuloso.

Tallulah Bankhead da vida a la zarina Catalina II de Rusia, más conocida históricamente como Catalina la Grande, una mujer acostumbrada a mandar, regia y firme que no permite que nadie le conteste ni replique, es borde y tajante y solo escucha lo que quiere oir. Un día un militar llega hasta ella para advertirle de los peligros que corre el país ya que la resistencia se está agrupando. La zarina empieza a interesarse por este joven que casualmente está prometido con su ayuda de cámara.

 

Durante la hora y media que dura el film se suceden unas conversaciones rápidas donde unos pisan a otros continuamente y no se dejan terminar las frases. Nadie está libre de ser ridiculizado, la zarina, la resistencia, el héroe que pretende salvar a su soberana, el canciller con la mano un poco larga para el hurto, el pomposo pretendiente francés que quiere conquistar a la emperatriz, etc. Aquí no se hacen distinciones, se ríen de todos ellos y nos hacen estar pendientes a cada momento, porque si te despistas un segundo te pierdes un comentario ingenioso.

El peso de la película reside en el guion, pero hay que reconocer el trabajo de Tallulah Bankhead, que se desenvuelve a la perfección en estos papeles de mujer dominante y protestona, y en este film está soberbia, ordena y manda con una vis cómica que pocas actrices de su época podrían haber interpretado mejor. Pero ella no es la única, Charles Coburn, de cuya faceta cómica ya hablamos, y en esta película vuelve a dar muestra de ella, tiene pocos minutos pero todos valen la pena. Otro secundario destacado es Sig Ruman, que aunque el nombre puede no ser conocido ya había participado con Lubitsch en “Ninotchka” (id, 1939) o “Ser o no ser” (To be or not to be, 1942) y con los hermanos Marx en un par de ocasiones y aquí interpreta a un militar que está traicionando a su país que es de lo más torpe y ridículo. Pero es que ahí no queda la cosa, también está Anne Baxter (Eva al desnudo, 1950) o Vincent Price, quien unos años después se convertiría en el mítico actor de la Hammer.

 

El aire de obra de teatro, las mil alusiones sexuales explícitas o encubiertas, o la protesta y crítica que subyace consiguen hacer diferente a esta comedia, que para mí es muy grande, no es que sea un título menor que hay que defender, sino que es un título que hay que revalorizar, porque el olvido no creo que sea el sitio donde esta película deba estar. Aquí va mi intento por hacer un poco de justicia, espero que estéis de acuerdo.