Clasicosis

Cine clásico: ‘Dodge, ciudad sin ley’ ni moral.

- Te digo Ellen que somos la vergüenza de América. ¿Sabes lo que dicen los periódicos de Nueva York? Que no hay ley al oeste de Chicago.

Ficha: Dodge, ciudad sin ley

Hacia finales de los años 30 comenzaban a proliferar películas situadas en el oeste, en la formación de los primeros pueblos, la llegada del ferrocarril y las miles de bandas de forajidos que aterrorizabas a los hombres de buena fe que hasta allí se trasladaba en busca de nuevas oportunidades. A medida que se iban haciendo estas películas las grandes estrellas y directores se fueron interesando por este género.

“Dodge, cuidad sin ley” (Dodge city, 1939) fue una de estas pioneras en la que podemos ver a una de las parejas con más tirón en taquilla de la época, Errol Flynn y Olivia de Havilland bajo la batuta de un hombre que ya les llevó al éxito con  “Robin de los bosques” o “El Capitán Blood” , el director Michael Curtiz .

 

En Kansas se está formando una nueva ciudad gracias a la llegada del ferrocarril. Sin embargo, el miedo se está apoderando de los habitantes ya que Jeff Surrett ( Bruce Cabot ) y su banda están campando a sus anchas una vez que han hecho desaparecer al sheriff. Cuando Wade Hatton (Errol Flynn) llega al pueblo guiando una caravana no puede soportar las injusticias que ahí se están viviendo y decide quedarse y plantar cara a los forajidos.

Como en los buenos films de aventuras de Curtiz, la película entremezcla la acción con la comedia, el drama o el romance consiguiendo que su algo más de hora y media se nos pase volando. Presenta un planteamiento algo distinto, lejos del archirepetido introducción, nudo y desenlace, esta historia va evolucionando fluidamente. Van sucediéndose una serie de acontecimientos o desgracias en la vida del pueblo que van propiciando las decisiones de nuestros protagonistas. A Errol Flynn sienta como un guante el papel de tipo duro con moral e inflexible. A su lado está su también fiel compañero en “Robin de los bosques” el grandullón Alan Hale. El personaje de Olivia de Havilland como siempre queda reducida a una simple partenaire pero con personalidad suficiente como para que perdure más allá de un simple cliché.

Técnicamente Curtiz aprovecha el Technicolor con mucha fuerza apoyado por una muy buena fotografía de Sol Polito. La música de Max Steiner , uno de los más prolíficos de la época, le da el toque vibrante adecuado para dar aún más ritmo al film.

 

En su mismo año, se estrenaba también una gran película del oeste, “La diligencia” (Stagecoach, 1939) de John Ford. Si a eso le sumamos la cantidad de westerns posteriores mucho más profundos y épicos que nos ha dado el cine es imposible que este film no quede relegado a un segundo plano. No obstante, su conjunto de historias donde no faltan disparos, persecuciones o peleas multitudinarias en un saloon donde no queda una silla en pie hacen de esta película un maravilloso entretenimiento para todos los amantes del género.