Clasicosis

Cine clásico: ‘El hombre tranquilo’ busca una segunda oportunidad.

 

- Ah sí, conozco a su familia. Su abuelo murió en una cárcel australiana. Su padre era un gran hombre también.

Ficha: El hombre tranquilo.

Comienzan los créditos con la música de Victor Young y a mi ya me cambia la cara. Llega el tren y Sean Thornton desciende. No sólo nadie no le da la bienvenida sino que, además, le vuelven loco iniciándose una pequeña pelea en vez de darle indicaciones para llegar al paraíso, ese pequeño pueblo irlandés llamado Innisfree. En este fantástico arranque tenemos las claves de la película, y lo más probable, es que para cuando salgamos de la estación ya estaremos absolutamente sumergidos en el film.

“El hombre tranquilo” (The quiet man, 1952) es posiblemente el film soñado por la parte más irlandesa y más nostálgica de uno de los mayores genios del séptimo arte, John Ford . Pero esto no es nada nuevo, con hacer una pequeña búsqueda por la red podréis ver miles de alabanzas hacia esta película, y desde luego no seré yo quien diga lo contrario. Esta cinta es una de las mejores que he visto y siempre que salta la dichosa pregunta de cuáles son mis films favoritos, ésta, sin lugar a dudas, es una de ellas.

Sean Thornton (John Wayne) es un exboxeador que decide volver al pueblo donde nació y pasó parte de su infancia. En cuanto llega ve a lo lejos a Mary Kate Danahe (Maureen O’Hara), se enamora y desde ese instante intentará conquistarla, aunque las costumbres de la época y del país pondrán muchas trabas. A su vez, con la llegada al pueblo querrá conseguir la casa donde nació, lo que le llevará a tener problemas con el hermano de Mary Kate, Will Danaher (Victor McLaglen). El choque cultural entre un americano o los habitantes de este pequeño pueblo cerrado irlandés.

Aparentemente, esta película es principalmente romántica, y una comedia con toques dramáticos. Pero, a su vez, subyacen infinidad de sentimientos. Personalmente considero que el fin último del film no es mostrar una historia de amor sino una búsqueda de una segunda oportunidad y de expiar su conciencia. Una persona que traumatizada decide empezar de cero y buscar la felicidad en el sitio de su infancia. A su vez es una historia de aprendizaje, dignidad, respeto y convivencia.

Los dos protagonistas están simplemente brillantes. Es una batalla entre un hombre tranquilo y una mujer temperamental pero tan bien escrito que desde el primer cruce de miradas sabemos que no son dos estereotipos destinados a estar juntos sino dos personas genuinamente reales que deberían superar todas las barreras que les separan. John Wayne no tuvo ningún reconocimiento por este papel, sin embargo, es uno de los mejores de su carrera. Sean Thornton va sufriendo una transformación muy sutil sin perder nunca su esencia. Su visión americana del mundo no alcanza a entender las motivaciones de Mary Kate, donde él ve dinero o simple material ella ve liberación y legado.

Maureen O’Hara tiene un personaje más extremo, no obstante como dice Michaleen, es “una pelirroja con todas las consecuencias”. Tiene una personalidad cambiante e irascible pero sólo se muestra vulnerable y baja la guardia con Thornton. En el caso de O’Hara sí que estoy convencida de que hace el papel de su vida. Dentro de esa dualidad conseguimos comprenderla y quererla. Contiene esta fuerte personalidad dentro de unos límites realistas pero sin escatimar en pasión o furia.

Tan importante como los protagonistas son el resto de lugareños que habitan Innisfree. Hace casi un año dediqué una entrada al maravilloso personaje de Barry FitzgeraldMichaleen Flynn, pero todo el compendio de actores que pasan por la pantalla aportan algo al film. El inmeso Victor McLaglen es el perfecto contrapunto de Wayne, tan acertado en su retrato del codicioso intento de cacique de medio pelo que acabaría consiguiendo una nomninación al Oscar. Los sacerdotes, tanto católico como protestante, son dos personajes que aportarán comedia pero sobre todo son importantísimos en el transcurrir de la historia. La viuda Tillane (Mildred Natwick) siempre genial en el papel de solterona, estirada que no sabe tratar con hombres. Y podría seguir con todos y cada uno hasta llegar al anciano de barba blanca que prácticamente resucita para ver el evento del siglo en el pueblo o los murmullos de la mano derecha de Will Danahe siempre con la libreta en mano.

Es imposible no pasar por alto ciertos puntos delicados y principalmente me estoy refiriendo a las acusaciones de misoginia o maltrato a la mujer. El tema de la misoginia lo evitaré de un plumazo recomendando a todo el que tenga esa sensación que vuelva a ver la película, sin más. El tema del maltrato es más delicado pero creo que lo principal es destacar que tristemente en esta época esa actitud era común. Afortunadamente el film le da un toque de humor negro al tema y no nos presenta a una mujer que vaya a ser sumisa y a aceptar malos tratos de su marido.

La técnica de film es un muestrario de todas las virtudes de John Ford, siempre colocando la cámara en el punto exacto para que el espectador reciba el sentido que él le quiere dar. Se mueve entre planos generales y medios moviendo la cámara lentamente, casi sin que nos demos cuenta. El ritmo de la película, el ritmo de guión, la combinación de tramas y gags es perfecta, tiene un montaje muy fluido. Frank S. Nugent, guionista habitual de Ford, consigue que en dos horas veamos pasar decenas de personajes y que todos, la cuenten o no tienen su historia, no hay extras, todo está ahí porque tiene que estar y hasta la frase más nimia está ahí por una razón. Victor Young escribe una melodía que siempre encuentra el tono del film y Ford decide añadir muchas canciones irlandesas que le gustaban. La fotografía de Winton C. Hoch obtuvo un merecido Oscar dando un brillo u oscuridad fantástica, toda una oda a los paisajes de Irlanda.

Este mismo año se cumple el 60º aniversario de su estreno. Y hoy mismo todos tenemos la oportunidad de volverla a disfrutar en televisión y, lo que me da más envidia, hoy habrá un grupo de gente que podrá verla por primera vez. “El hombre tranquilo” son dos horas de puro placer cinéfilo. Como dijo Garci en el programa “Qué grande es el cine”: es una de esas películas que te salvan la vida.