Clasicosis

Cine clásico: ‘Los vikingos’ brutalidad al abordaje.

- ¡Odííííín!

Ficha: Los vikingos

El cine de aventuras existe desde que el cine, entendido como medio de entretenimiento, apareció. Ya vimos que una de las grandes estrellas del cine mudo, Douglas Fairbanks, era un especialista en proporcionar al público películas como  “El pirata negro” (The Black pirate) ya en 1926. Con la llegada del cine sonoro continuó su auge con clásicos inmortales como “Robin de los bosques” (The adventures of Robin Hood, 1938). El siguiente paso en la evolución lógica del género era plasmar de la forma más auténtica las aventuras y desventuras que los héroes sufrían y para ello, una ambientación lo más realista posible era necesaria.

Con “Los Vikingos” (The Vikings, 1958) se tocó techo en lo que a escenografía o fotografía se refiere. Visualmente es quizás el mejor título de aventuras de su época, a día de hoy sigue siendo espectacular. El director Richard Fleischer realiza un trabajo magistral aunando técnica e interpretaciones en un film desgraciadamente bastante olvidado a día de hoy.

 

La trama se centra en Einar (Kirk Douglas), hijo del rey vikingo Ragnar (Ernest Borgnine), y su gran rivalidad con el esclavo Eric (Tony Curtis) quien provocó que perdiera un ojo. Los vikingos acostumbran a beber, adorar a Odín y a saquear pueblos. Una de estas incursiones violentas tiene el objetivo de raptar a la princesa Morgana (Janet Leigh) para pedir un rescate a cambio.

El principal atractivo de este film es la impresionante actuación de Kirk Douglas, quien llegó a compartir premio en el Festival de San Sebastián con James Stewart por “Vértigo”. Douglas nos ofrece un personaje fuerte y bastante extremo, con una energía desbordante y al límite en todo momento, hace sombra a cualquiera con quien comparta escena. Existen pocos ejemplos donde el cine de aventuras nos lleve a alabar una actuación, ya que suelen ser estereotipos repitiéndose, pero en esta ocasión es de quitarse el sombrero. Por el contrario,  Tony Curtis tiene un personaje más tranquilo, sufridor pero también heroico, el perfecto contrapunto. Ver a Janet Leigh vestida de época puede resultar bastante curioso. Su personaje no destaca especialmente, ella realiza una correcta interpretación, aunque su personaje es bastante frío, callado y poco exigente. Ernest Borgnine , quien ya había demostrado que era un maravilloso actor se queda en un segundo plano interpretando al típico vikingo bruto y bebedor.

El segundo punto a destacar es la fotografía de Jack Cardiff, responsable por ejemplo de “La reina de África”. El gran trabajo de producción le da un buen material con el que trabajar, y los exteriores grabados en auténticos fiordos noruegos le dan a la película una atmósfera en la que Cardiff pone la guinda. Richard Fleischer es un director poco reconocido lo que no quita para que su trabajo sea estupendo. La cámara tiene un dinamismo que pocas veces se había visto hasta entonces en el género, y para muestra la última escena entre Douglas y Curtis, espectacular.

 

Al cine de aventuras no se le reconocen grandes guiones, este caso no es distinto. Su historia es fácilmente predecible pero no por ello deja de ser entretenida. No se si será por los vikingos, por Douglas o por los dos, pero este film tiene una fuerza distinta al resto que la convierten en el perfecto pasatiempo. Un film sorprendente que no debería haber caído de tal manera en el olvido.

 

P.D.: Si os fijáis en el póster y en la última imagen veréis que el maltrecho ojo de Douglas cambia de lado.