Clasicosis

Cine clásico: ‘Anatomía de un asesinato’ con fino e hiriente bisturí.

- No soy el abogado que necesita ese hombre, es insolente y hostil.

- No tienes que enamorarte de él, sólo defenderle.

Ficha: Anatomía de un asesinato

Un film que abre con música de Duke Ellington y créditos del genial Saul Bass (autor también del póster que encabeza esta entrada) no puede traer nada malo. A medida que estos créditos avanzan, vemos nombres como James Stewart, Lee Remick, George C. Scott y al mando de la nave a Otto Preminger esta sensación se confirma, no puede traer nada malo y de hecho, no lo hace.

“Anatomía de un asesinato” (Anatomy of a murder, 1959) es junto con “Matar a un ruiseñor” y “12 hombres sin piedad” los tres pilares básicos del subgénero de cine judicial. El único punto negativo que se le puede poner a la película son sus dos horas y media de duración, pero el caso es tan interesante que a pocos les importará.

 

El teniente Manion (Ben Gazzara) está acusado de asesinar al presunto violador de su mujer Laura (Lee Remick). Para defenderle, Laura decide acudir a un abogado en horas bajas, Paul Biegler (James Stewart). Biegler dudará si aceptar el caso ya que el comportamiento de su defendido es de lo más sospechoso, por no hablar de su mujer, a quien a primera vista parece importarle poco lo que ocurra con su marido.

Otto Preminger realiza posiblemente uno de los films más modernos del cine clásico. Tanto el lenguaje como el caso que presenta es absolutamente revolucionario para la época. Maravillosa la escena donde el juez dice en voz alta la palabra bragas para que se ría el público que asiste al juicio y así a partir de ese momento la gente no se escandalice cada vez que la oiga. Posiblemente un mensaje para los propios espectadores del film. La historia tiene unos tintes oscuros que consiguen que no haya envejecido ni un ápice. La sordidez del caso, que desde el primer momento partimos de la culpabilidad del defendido, nos plantea un dilema. ¿Queremos que se haga justicia, queremos que gane Stewart, ambas cosas son compatibles? Preminger tomó la acertada decisión de no utilizar flashbacks lo que mantiene la incertidumbre a lo largo de todo el film.

El reparto está estupendamente elegido y realizan un gran trabajo. Con James Stewart es ir sobre seguro, pero en este film está especialmente acertado en un personaje muy complejo. Lee Remick tuvo pocos personajes importantes en su carrera pero tanto en “Días de vino y rosas” como en este film demuestra de sobra su capacidad para interpretar personajes extremos. Y es imposible no mencionar al abogado de la acusación, George C. Scott, quien obtuvo una merecida nominación al Oscar. Sólo conocemos a su personaje a través de su actuación en el juicio y está siempre a la altura de Stewart, es un abogado inteligente e implacable.

 

No me quiero extender mucho más pero no puedo dejar en el tintero los cuidados aspectos técnicos, destacando especialmente la fotografía en blanco y negro de Sam Leavitt . Toda la dirección artística y la música de Ellington le dan la envoltura perfecta al film. Con esta visión de la, en ocasiones sucia, labor de un abogado, Preminger firma una de sus mejores películas y uno de los mayores puntales del género. Un film imprescindible para los que disfrutan con un buen guion, absolutamente distinto a lo visto hasta el momento y que a día de hoy aún nadie ha superado.