Clasicosis

Cine clásico: 'Nunca la olvidaré'. A tí, madre.

- Ser rico es como medir tres metros de altura. Bueno para unas cosas y malo para otras.

Ficha: Nunca la olvidaré

Madre. Seguramente no hay palabra que signifique tanto ni provoque más sentimientos. La madre es y siempre será ese ser que nos dio la vida. El cine no ha sido ajeno a esa figura. Ha habido madres autoritarias como Gladys Cooper en 'La extraña pasajera'. Madres que renuncian a todo por el beneficio de su hijo como en ‘La vida íntima de Julia Norris’. Madres cuyo único fin es la felicidad de su hijos como Barbara Stanwyck en 'Stella Dallas'. Madres inspiradoras como Jane DArwell en 'Las uvas de la ira'. Madres que te señalan el camino correcto como Beulah Bondi en 'Caballero sin espada' y '¡Qué bello es vivir!'. Madres que sufren y se desviven trabajando por nuestro futuro como Joan Crawford en 'Alma en suplicio'. Hay multitud de ellas. Pero luego está esa madre abnegada, decidida, imponente, que reúne todas las buenas cualidades de todas esas madres. Y esa es sólo conocida como 'Mamá'. No hace falta que le acompañe ningún nombre propio ni apellido.

Basada en la obra de John Van Druten 'I remember Mama' y en la de Kathryn Forbes 'Mama’s Bank Account', 'Nunca la olvidaré' (I remember Mama, 1948) cuenta la historia de una familia  de inmigrantes noruega en el San Francisco de primeros de siglo, regidos de manera matriarcal y estoica pero a la vez tierna. Comienza con Katrin leyendo uno de sus libros recordando el pasado de su familia en el cual se enfrentan a dificultades financiera y emocionales, tomando decisiones con gran determinación y sentido del humor, albergando en su corazón las ambiciones de una vida mejor a la vez que mantienen estrechos lazos familiares con una serie de excéntricos parientes. Podría ser la configuración de cualquier familia. Hay un padre trabajador que no está mucho en casa, pero es tranquilo y confiable. Están esas tres tías desagradables y ese tío prepotente que asusta a los niños con su gran voz. Katrin tiene unas hermanas. Hay un gato de por medio. A primera vista no hay nada excepcional, una de esas familias inmigrantes cotidianas. Pero el eje por donde gira todo, ese estabilizador que lo mantiene todo unido. Toma la responsabilidad personal de todo, la conciencia de la familia. La madre. Mamá.

 


Para un papel así haría falta una actriz de aspecto contenido, amable a la vez y que transmita todas las emociones a través de sus gestos y miradas. Irene Dunne, una actriz que siempre voy a reivindicar, lo cumple sobradamente. Su actuación es tan sobresaliente que es difícil de imaginar el papel de Mama en otra actriz. Fue ofrecido inicialmente a la retirada Greta Garbo, la cual lo rechazó. Fue a parar a Dunne, que puso como condición trabajar con George Stevens, quien la dirigió anteriormente en la estupenda 'Serenata Nostálgica' junto con Cary Grant. Fue un cambio radical para Dunne y para el espectador, más acostumbrado a verla en películas como ‘La pícara puritana, 'Mi mujer favorita' y 'Los pecados de Teodora'. Dunne fue elogiada por su interpretación de Mama, sobretodo por ese conseguido acento noruego. Aunque tenía 50 años durante la filmación de la película, aún mantenía su rostro juvenil y el maquillaje conjuntado con una peluca rubia trenzada, con vestidos que en realidad parecen usados conforman esa imagen de apacible y resuelta madre. Dunne además aporta una miraba perturba aunque irradia fuerza y vitalidad contrastada con la suavidad y tacto de todas sus acciones.

El reparto que apoya a Dunne es excepcional. Barbara Bel Geddes da vida a Katrin, la hija que funciona como narradora de la historia que hace un recorrido de tímida adolescente a una mujer joven e entusiasta. Ellen Corby y Oskar Homolka destacan como esos personajes algo excéntricos. Philip Dorn como Papa, Peggy McIntyre y June Hedin como las niñas, la siempre notable presencia de Cedric Hardwicke... todos se complementan a la perfección entre ellos. De hecho, aparte de la justísima nominación al Oscar de Irene Dunne, tanto Oskar Homolka, Barbara Bel Geddes y Ellen Corby también recibieron sus nominaciones como mejores actores secundarios. No hay que olvidar al otro nominado, pero en la parte técnica: el gran Nicholas Musuraca por su, otra vez, excepcional fotografía.

 


George Stevens realizó una estupenda dirección. La producción fue larga y costosa siendo su resultado final una película que conserva su sentimiento potente sin ser abrumador. En una época de posguerra, la inseguridad y el caos se veían reflejados en las emergentes películas noir. Stevens decidió dar marcha atrás hacia los valores que el creía eran típicamente americanos: los de aquellos inmigrantes que forjaron América a principios de siglo. 'Nunca lo olvidaré' fue junto con 'Que bello es vivir' dos de esas películas que resaltaban dentro del pesimismo reinante de después de la guerra. Stevens era uno de los grandes directores de la época dorada de Hollywood y combinaba comedias musicales como 'En alas de la danza' pasando a dramas como 'Serenata nostálgica'. Sus experiencias como camarógrafo en la Segunda Guerra Mundial asistiendo a los horrores de los campos de concentación, le dió esa sensibilidad necesaria para afrontar dramas con precisamente 'Nunca la olvidaré' y posteriormente otros más reconocidos en su filmografía como 'Un lugar en el Sol' y 'Gigante'.

Pocas cosas más que añadir a esta excepcional película. Irene Dunne recordaría años más tarde que interpretó a una mujer maravillosa, siendo algo especial para ella misma. Y es que 'Nunca la olvidaré' es una de las representaciones más conmovedoras de la vida en familia y del poder que ejerce una madre en ellas. Tal vez sea la visión ideal de una familia.

 

 


PD: Dedicado con todo el cariño a todas las madres, futuras madres, abuelas, bisabuelas. Gracias.