Clasicosis

Cine clásico: ‘Marty’, el feo que te rompe el alma.

- ¿Cuándo se va a casar usted, Marty? Debería sentirse avergonzado, sus hermanos son más jóvenes que usted, se casan y tienen hijos.

Ficha: Marty

Conseguir una atmósfera asfixiante sin llegar a agotar y cansar es dificilísimo, girar en torno a un tema concreto durante unos noventa minutos sin ser repetitivo también. Pero “Marty” (id, 1955) es un caso aparte. Todo gira en torno al matrimonio y en especial a la soltería y a la presión que una sociedad como la de los 50 ejercía sobre alguien que a cierta edad aún está soltero.

Marty es un carnicero del Bronx que tiene 34 años, vive con su madre. Físicamente no es muy agraciado (al final le coges tanto cariño que no podría llamarle feo) y las continuas alusiones a su fracaso al buscar a una buena mujer con la que casarse han ido minando su autoestima. En la primera escena vemos como dos clientas le comentan lo avergonzado que debería estar por seguir soltero mientras sus hermanos ya se han casado. La cosa continúa en el bar donde solo se habla de donde ir a conocer chicas, de las que han conocido, etc, y vemos como Marty está harto de intentar conocer a alguien y fracasar continuamente, lo ha asumido, es gordo, feo y se va a quedar soltero.

 

El ambiente italo-americano nos ayuda a conectar con la historia, tienen un carácter parecido al nuestro, las señoras son entrometidas, dicen lo que piensan sin tener en cuenta que puede doler. La figura de la madre, protectora pero a su vez presiona más que nadie, también es muy identificable, ¿quién no conoce a una señora así? A su vez, tanto la madre, como su hermana, que vive con uno de sus hijos ya casado y con un bebé, nos plantea el problema de qué deben hacer las ancianas, si vivir con un matrimonio joven o dejarles espacio. Estas mujeres que han vivido por y para sus hijos no conciben que su rol ya no es necesario.

Por todo esto, los secundarios de este film inyectan un clima tan asfixiante a esta historia. Desde las primeras escenas nos sentimos mal por toda carga que ponen sobre Marty y esto va progresivamente en aumento, porque primero la carga viene de fuera, pero poco a poco él también va poniéndose trabas al creer que ni merece ni conseguirá nada bueno.

Ya intuimos que Marty es bueno, tiene un corazón que no le cabe en el pecho, es sensible y educado, pero no es hasta que conoce a Clara, otra alma solitaria y dañada, cuando nos damos cuenta de que eso que sospechábamos es verdad.

 

Esta película es digna de ver, quizás no sea una obra maestra o quizás sí, pero es ante todo una película diferente, que te llega al alma, con unas interpretaciones honestas y brillantes. Ernest Borgnine, que nos tenía acostumbrados a papeles de bruto, se descubre aquí como un gran actor. Esta historia, que arrasó en los Oscars y ganó en Cannes, mantiene intacta la humanidad y sinceridad con la que se realizó hace más cincuenta y cinco años, y quien la vea no creo que se arrepienta.