Clasicosis

Cine clásico: ‘La Venus rubia’ y el mito de Dietrich.

- ¿Cómo dice que se llama?
- Helen Faraday.
- No, tenemos que conseguir algo distinto. Algo diferente que sea fácil de decir y difícil de olvidar.

Ficha: La Venus rubia

El pasado 6 de Mayo se cumplieron 20 años de la muerte de Marlene Dietrich. Para rendir homenaje a una de las mayores estrellas germanas era casi una obligación hacerlo con un título dirigido por Josef von Sternberg, el hombre que la convirtió en mito. La actriz y el realizador comenzaron sus carreras prácticamente de la mano, no se entiende la de la actriz sin el realizador, ni la del realizador sin la actriz. “La Venus rubia” (Blonde Venus, 1932) sería su quinto trabajo juntos, estrenada tan sólo unos meses después de “El expreso de Shangai” (Shangai Express, 1932) la película que definitivamente encumbraría a Dietrich como una de las mujeres más sensuales de la gran pantalla.

Afortunadamente, la mayoría de estos trabajos se haría en la época previa al Código Hays, lo que le permite tener un atrevimiento inusual en el Hollywood clásico. Como ejemplo podemos destacar el baño en el río de seis jóvenes mujeres claramente desnudas.


Helen (Marlene Dietrich) es una cantante alemana que al conocer a Ned Faraday (Herbert Marshall) se retira y se muda a Estados Unidos. Años después vive feliz con su marido y su hijo hasta que un costoso tratamiento médico para Ned le hace volver al teatro. Ahí conocerá al playboy Nick Townsend (Cary Grant) y traspasará ciertos límites que dará todo un vuelco a su vida.

La película es entretenida pero tiene un defecto principal que no se puede pasar por alto, la trama, por momentos, se atropella en exceso. El principal problema de que esto ocurra es que pretenden que me crea algo que he visto cocerse durante tan sólo unos segundos me parezca real y eso es extremadamente complicado. Por otro lado la intencionalidad que von Sternberg le da al film permanece velada. Se mantiene en un discreto segundo plano siendo patente para quien quiera pararse a leer entre líneas pero sin plasmar una moraleja aleccionadora.

Marlene Dietrich encarna a la perfección esa dualidad de su personaje, cariñosa madre y esposa por un lado, provocadora cabaretera por otro. A pesar de parecer dos actitudes opuestas, Dietrich consigue combinarlas y crear un personaje real. Herbert Marshall , un actor que siempre ha estado en un relegado segundo puesto a pesar de tener grandes films en su carrera, realiza una buena interpretación con un personaje no muy complejo.  Cary Grant era entonces un principiante y aunque su personaje es importantísimo en el devenir del film no aparece demasiado en pantalla.


La película sin rozar siquiera el ser una obra maestra, nos sirve para entender el porqué toda una generación cayó rendida a los pies de Dietrich. La exótica actuación en el cabaret donde comienza disfrazada de gorila es simplemente antológica y justifica el visionado del film. Una buena elección para cuando nos apetezca un melodrama lleno de atractivo visual y musical (y no sólo lo digo por Dietrich).