Clasicosis

Cine clásico: ‘Las Sandalias del Pescador’. Habemus Papam

 

- Para muchos, la fe es un lugar que se arrastra en busca de seguridad.

Ficha: Las sandalias del pescador

Las Sandalias del Pescador, adaptación de la novela de Morris L. West, es una epopeya ambiciosa y extensa que dada su fecha de realización resulta profética de lo que vendría años después. Realizada durante el pontificado de Pablo VI e inmediatamente después de las reformas del Vaticano sobre la Iglesia. ¿Quién hubiera pensado, al ver la película en 1968, que 10 años después un cardenal joven de Polonia fue elegido para ser el nuevo sucesor de San Pedro? Esa profecía se hizo realidad en 1978 con Juan Pablo II.

Fue un proyecto ambicioso (costó 9 millones de dólares) siendo rodada gran parte en los Estudios Cinecittá de Roma, además de construirse una réplica de la Capilla Sixtina para las tomas de interiores.  La historia se ubica en un futuro no muy lejano (la década de los 80), con la liberación de un sacerdote católico en Rusia, Kiril Lakota, un preso político que estaba condenado a 20 años de trabajos forzadors en Siberia. El Primer Ministro soviético lo envía al Vaticano con el fin de dar a la URSS un punto de apoyo ante la inminente crisis internacional que se avecina. Cuando el Papa regente muere, Kiril es elegido por aclamación como nuevo Papa. La situación es crítica debida a la crisis mundial y su polémica elección, ya que es el primer Papa no italiano en 400 años.

Michael Anderson, quien ya dirigió la exasperante 'La vuelta al mundo en 80 días' y años después volvió con el tema papal con 'La Papisa Juana', realiza un dirección estirada, de relleno puro, ofreciendo una duración totalmente excesiva de dos horas y media cuando se puede narrar en sólo 90 minutos. Eso sí, la fotografía de Erwin Hillier es buena y el montaje de las imágenes de la elección de Kiril se contrasta con la elección en 1963 del pontífice Pablo VI en la Plaza de San Pedro. El aspecto geopolítico de la historia, que tiene a Papa Kiril trabajando junto a Kamenov con el fin de disuadir a Chinar de iniciar una guerra, es obviamente ficción aunque por otra parte algo absurda, poco desarrollada y que no termina de transmitir la tensión o sensación de angustia de una situación tan delicada. La frialdad con la que tratan esas situaciones contrasta con los momentos de humildad de Kiril, como cuando pasea por las calles de Roma para ver el mundo que le rodea. Ese acercamiento al pueblo sirve para darle al Papa una humanidad que ya de por sí se le presupone. Si la historia se hubiera centrado en sacarle más provecho a los conflictos del cargo del Papa, sería más interesante, en cambio divaga a través de unas tramas secundarias que no aportan casi nada, en especial la del periodista con su mujer. La amistad de Kiril con Telemond, aunque bien tratada, parece una película dentro de la misma película. Esos debates filosofo-teológicos que muestran una crisis interna dentro de la misma Iglesia resultan interesantes y reflexivas, pero son insustanciales en cuanto aportar algo al hilo principal de la película. Lo que a uno más se le queda es ese funcionamiento interno del Vaticano y las complejidades de la forma en que la Iglesia Católica elige un nuevo Papa.


Claramente lo mejor de la película es Anthony Quinn . A pesar de sus orígenes mexicano-irlandeses, Quinn siempre ha interpretado una amplia gama de personajes de diferentes etnias a lo largo de su carrera, por lo que no resulta inverosímil como ruso. Quinn es brillante en su papel, siendo orgulloso y obstinado al principio y acaba siendo humilde y conciliador. Es la figura principal. Si la película se hubiera centrado más en su ascenso al poder y su lucha en demostrar que es digno de ese honor, podría haber sido más exitosa. El resto del reparto lo conforman David Janssen como un periodista, Oskar Werner como el padre Telemond, John Gielgud, Vittorio De Sica y un Laurence Olivier que  meses antes del rodaje recibió la funesta noticia de la muerte de su esposa Vivien Leigh.

A pesar de un fracaso de taquilla en el momento de su estreno, fue nominada para dos Oscar por la Dirección Artística y la Banda Sonora Original, por la cual  Alex North sí ganó un Globo de Oro. En definitiva, 'Las Sandalias del Pescador' (The shoes of the fisherman, 1968) es interesante para ver lo que rodea detrás de la elección de un nuevo Papa, pero se pierde en subtramas estiradas y se pierde el eje central de lo que quiere contar la película.