Clasicosis

Cine clásico: ‘Luces de la ciudad’ que alumbran una obra maestra.

- Mañana los pájaros cantarán.

Ficha: Luces de la ciudad

Ya tenía ganas de escribir algo de uno de los primeros genios del séptimo arte, Charles Chaplin. Mi compañero Mr Kaplan ya se quitó la espinita hablando de dos películas que han marcado la historia del cine, la genial “Tiempos modernos” y la no menos impresionante “El gran dictador”. Hoy seré yo quien siga alabando al maestro con uno de los films más tiernos que podemos encontrar, “Luces de la ciudad” (City Lights, 1931).

En 1931 el cine sonoro estaba entrando por la puerta grande de Hollywoood. Los artistas tan identificados con el mudo como Chaplin tuvieron que plantearse en ese momento cómo reconducir su carrera. El inglés decidió continuar con el silente pero sin dejar a un lado los avances del cine sonoro. En “Luces de la ciudad” no hay lenguaje hablado pero tiene sonido en por ejemplo el sketch donde se traga un silbato.


Más allá de detalles técnicos, el film nos muestra al típico vagabundo charlotiano enamorándose de una florista ciega. Por una confusión ella creerá que es un hombre adinerado y él no tendrá el valor de confesarlo. Tras conocer a un hombre rico a punto de suicidarse, nuestro protagonista se aprovechará para seguir con la mentira que le mantiene unido a la florista.

La cinta combina grandes escenas de comedia conjugada con un adorable romance y ciertos toques dramáticos. Todo en la medida adecuada para que, poco a poco, la película nos vaya calando cada vez más hondo hasta que caigamos rendidos. Sus armas son muy sencillas pero muy efectivas, basta con tener cierto grado de humanidad y nos conquistará. Un hombre vilipendiado por todos excepto por una ciega (que cree que es rico) y un rico (sólo cuando está borracho) hace que aflore el instinto de protección y admiración. Estamos ante un hombre que hará todo lo que esté en su mano por ayudarla aunque eso sea lo peor que le pueda pasar. Al final donde no sabes si alegrarte o echarte a temblar (al igual que el personaje) es la guinda que culmina la tarta, en mi opinión, el final perfecto para que te lleves el film contigo en la cabeza durante horas. Chaplin deja a un lado la falsedad o hipocresía y nos muestra las cosas como son.

Chaplin da con este film una clase magistral de guion, aunque no escribiese físicamente ninguno, de dirección y de actuación. Además se encargó también de la música, algo vital en un film de estas características y dio con los temas perfectos: veloz y acelerado en las transiciones, lento y lírico en lo que concierne a la muchacha. La actuación de Virginia Cherrill no estaba convenciendo al director e intentó cambiarla por Geogia Hale, aunque como el rodaje ya estaba bastante avanzado no siguió adelante con el cambio. Obviamente, hoy es muy difícil imaginar a otra actriz en su papel, aunque posiblemente Hale no hubiese sido una mala elección, el resultado final con Cherrill no me parece en absoluto una mala opción.

He dicho en varias ocasiones que los films que marcan nuestra infancia son de vital importancia. Pues bien, me encantaría viajar en una máquina del tiempo y que esta película fuese una de ellas. Sé que la habría estado viendo una y otra vez hasta que acabase siendo parte de mí. Ahora es un film que cuanto más veo más me gusta, pero imagino lo que hubiese sido haberla visto con mis inocentes ojos y sé que me habría marcado. Así que todos los que sois padres, hacedles un favor a vuestros hijos y marcadles la infancia con esta obra maestra.