Clasicosis

Cine clásico: 'La indómita y el millonario' David contra Goliath.

- ¿Cómo he entrado en este negocio? No lo sé, ¡langostas!

Ficha: La indómita y el millonario

 

La elección del título en castellano de un film es algo que siempre me ha fascinado y la mayoría de las veces ha sido para mal. Tras el éxito de “Sucedió una noche” de Frank Capra empezaron a titular “Sucedió...” a films de Clark Gable o Claudette Colbert y después se extendió a otras películas aunque en su idioma original el título nada tenía que ver. Con esto acabaron consiguiendo que a día de hoy tengamos infinidad de “Sucediós”: una noche, una vez, mañana, un domingo, en París, en China, en Las Vegas, en un tren, bailando... Esta película en inglés se titula “It happened to Jane”, lo que se podría traducir como “le sucedió a Jane”, sin embargo, decidieron salirse de la senda y coronarse eligiendo el terrible “La indómita y el millonario”. Jack Lemmon culpó del fracaso en taquilla al título del film, seguramente ni él se imaginaba que podría tener uno mucho peor.

 

 

Jane  (Doris Day) es una joven viuda con dos hijos que tiene un negocio de langostas. Uno de sus encargos se queda en la estación de tren y nunca llega a su destino causándole graves problemas, pierde clientes y credibilidad. Es entonces cuando emprende acciones legales contra el todopoderoso dueño de la empresa del ferrocarril Harry Foster Malone (Ernie Kovacs). Su amigo George (Jack Lemmon) será su abogado y principal apoyo.

De Doris Day ya habíamos hablado pero centrándonos en la pareja formada con Rock Hudson. Su papel en esta película no dista mucho de ese estereotipo al que nos tiene acostumbrados, aunque en esta ocasión se trata más de un film bienintencionado más que de una comedia de enredo. Jack Lemmon interpreta a lo mejor que sabía hacer, un hombre bueno, discreto, buen amigo y algo “pagafantas”. Su química no es mala, pero la película es muy plana, aúna todos los tópicos de este tipo de films e incluye, como no podría ser de otra manera, a Doris Day cantando en los créditos del principio y en una escena de la película.

La dirección es normal, no aporta ninguna novedad ni se destaca por nada y ya es bastante, porque Richard Quinn venía de hacer la espantosa 'Me enamoré de una bruja'. En esta ocasión tira más hacia el cine familiar que por la comedia, con lo cual no resulta tan fallida como la anterior. La duración es bastante adecuada, sobrepasa un poco la hora y media y no necesita más.

Esta película no pasará al recuerdo pero quien esta noche esté con ganas de pasar el rato sin esforzarse lo más mínimo le caerá del cielo. Es una historia típica, previsible a cada paso, con unos personajes sencillos que no permanecerán demasiado en nuestras retinas y sin nada nuevo que aportar. Viendo que Day es la protagonista, Quine el director y ojeando un poco el argumento no creo que nadie se sienta estafado ni pida una obra maestra, esta película es lo que es, sin más, quien no la vea no se perderá nada.