Clasicosis

Cine Clásico: 70º aniversario de 'El cuarto mandamiento'.

- Y luego Wilbur se llevará a Isabel al más bonito viaje de novios que se pueda imaginar. Ella será una buena esposa pero tendrán los hijos más maleducados que se hayan visto jamás.

- ¿De dónde diablos sacas eso?

- ¿No puede querer a Wilbur verdad? Bien, todo su cariño irá a sus hijos y los educará mal.

Ficha: 'El cuarto mandamiento'.

Hace ya la friolera de 70 años se estrenaba en Estados Unidos una gran película, aunque no exenta de polémica, dirigida por Orson Welles. Aunque pueda parecer descabellado, encuentro cierto paralelismo con "El hombre que mató a Liberty Valance" (The man who shot Liberty Valance, 1952). Lo que puede parecer a primera vista un melodrama o un western, envuelve en el fondo todo un estudio de cómo avanza la sociedad. En el film de John Ford vemos el paso de la fuerza a la ley en el duro oeste. En este caso vemos como las clases más altas se oponen al progreso que puede suponer el primer automóvil hasta que no tienen más remedio.

"El cuarto mandamiento" (The magnificient Ambersons, 1942) es la adaptación de la novela homónima de Booth Tarkington. Orson Welles dirigió y firmó el guion pero cuando estaba a punto de estrenarse el estudio RKO decidió que el público, tras lo ocurrido en Pearl Harbor, necesitaba y pedía historias optimistas y alegres. Bajo esta excusa contrataron a Robert Wise (Orson Welles estaba en el extrajero) y recortaron y se deshicieron de 40 minutos de metraje que nunca podremos recuperar.

Ya comentamos que Orson Welles tiene en su haber uno de los mejores comienzos de la historia del cine. En esta ocasión tiene otro comienzo que no se olvida, Orson Welles narra los cambios de la moda mientras Joseph Cotten posa ante un espejo con los diferentes atuendos. Tras esto, en un gran ejercicio de síntesis vemos como Eugene (Joseph Cotten) comete un error mientras corteja a Isabel (Dolores Costello) y eso les impedirá casarse. Ella formará una familia con Wilbur y como la profecía que encabeza esta entrada, tendrá a su hijo George (Tim Holt) y lo malcriará. Eugene, que había dejado la ciudad, vuelve ahora años más tarde, viudo y con una hija, Lucy (Anne Baxter).

Si me preguntasen cuál es la sensación que desprende en mí esta película, la respuesta sería frustración. El personaje central del film y sobre quien pasa el devenir de todas las historias es George Amberson Minafer. Este joven altivo, prepotente, clasista y consentido ha hecho toda su vida lo que ha querido sin que nadie haya sido capaz de ejercer un control o disciplina sobre él. Desprecia y inferior a casi todo el mundo que le rodea y dicta sentencia en cada una de sus afirmaciones. Él no ha nacido para amoldarse al mundo, es el mundo quien debe amoldarse a él. Ver cómo George echa a perder su vida y la de quienes le rodean por el simple hecho de no ponerse en los zapatos del otro es por lo que este film resulta tan frustrante.

El reparto del film es magnífico. Joseph Cotten era un grandísimo actor pero sin duda en sus colaboraciones con Welles saca lo mejor de sí mismo. El joven Tim Holt, que lleva el peso del film, consigue una buena actuación de un personaje complicado. Anne Baxter, una actriz casi siempre secundaria y casi siempre acertada da muestras de lo que tenía por ofrecer con tan sólo 19 años. Pero en estas historias corales siempre hay un personaje que cala más hondo. En mi caso elijo a Agnes Moorehead. La tía Fanny es ese miembro de la familia que al no casarse se convertía en una rémora de la familia, nunca podrá aspirar a una vida plena o independiente y deberá esperar a que los demás carguen con ella, sus sueños nunca se verán cumplidos.

La RKO construyó una mansión para rodar la película y eso se nota en la gran puesta en escena que tiene. El genio Bernard Herrmann compuso la música y Stanley Cortez creó una atmósfera oscura y opresora a través de su fotografía. Otro detalle de genio que tuvo Welles fue la de al acabar la película comenzar los títulos de crédito por el equipo técnico y, en vez de aparecer escritos en pantalla, él mismo los nombraba. Esta idea se debe a que el público, tras ver los nombres de los actores principales se marchaba del cine y así consigue darle a quienes trabajan tras la cámara su pequeño minuto de gloria. Herrmann, en protesta por la alteración de la RKO de la película, pidió no aparecer.

Desgraciadamente nunca podremos ver el que para Orson Welles era uno de sus mejores films, afortunadamente, la imprenta del maestro se mantiene y la película sigue siendo muy recomendable. 40 minutos más de película podrían haber resultado bastante excesivos, pero lo que está claro es que estaríamos ante una película distinta. El estudio grabó de nuevo el final que poco tenía que ver con el ideado por Welles. Algo así se puede considerar hasta difícil de perdonar pero si somos honestos con nosotros mismos hemos de reconocer que aun así la película merece la pena.