Clasicosis

Cine clásico 'Los vengadores' crepusculares.

- Monsieur Benedict, ha apelado al honor de unos hombres que no tienen honor.

Ficha: Los vengadores

Desde que un grupo de superhéroes (con los que esta película comparte título en castellano) reventaron la taquilla mundial tenía en mente hablar de este film. Hace unas semanas le puse fecha por fin a cuándo hablar de ella y desgraciadamente me ha venido como anillo al dedo. El domingo nos íbamos a la cama con la triste noticia del fallecimiento del genial Ernest Borgnine, ese secundario de lujo que nos robó el corazón con "Marty" (id, 1955) y le valió su único Oscar en su única nominación. Hoy le haremos desde aquí un pequeño homenaje, ya que este film puede ser una muestra perfecta de su carrera, un secundario que destaca por encima del resto hasta en películas mediocres como de la que hablaremos a continuación. Además, en esta ocasión es imposible no acordarse de una gran película que realza su filmografía también con William Holden y también en el Oeste como es 'Grupo salvaje' (The Wild Bunch, 1969).

"Los vengadores" (The revengers, 1972) podría ser la definición perfecta de western crepuscular. Una historia donde se aúnan escenas tópicas y típicas del género y que ya poco aportaban al espectador. El desgaste de tanta producción había acabado pasando factura al género y de ahí que hasta ahora el género esté practicamente desaparecido.

John Benedict (William Holden) es un hombre que pierde a toda su familia tras una ataque indio en su racho. Inmediatamente deja todo para ir en busca de venganza. De un cárcel mexicana se llevará a una serie de presos para que le ayuden, aunque estos hombres puede que no sean de lo más leales y fiables. Este grupo está formado por americanos como Hoop (Ernest Borgnine)un pobre diablo que no sabes si es muy tonto o muy listo, mexicanos como Chamaco (Jorge Luke) o franceses como Quiberon (Roger Hanin).

Daniel Mann dirige a este grupo de actores que cumplen su papel sin demasiada dificultad. Los personajes son unos tipos duros, de gesto pétreo que no suponen un reto excesivo para actores consagrados como William Holden o la pequeña aportación de Susan Hayward. El único personaje que se sale un poco de la norma es el de Borgnine que intenta llevar algo de comedia (bastante fallida) al film.

La música que acompaña al film recuerda inevitablemente a las series de televisión de los años 70 lo que ayuda más a despistar que a meternos en la historia. El ritmo de la película es curioso cuanto menos. En cierto punto el film se detiene y toma un giro nuevo que no dura más que unos minutos para luego volver a las andadas sin que haya servido demasiado. Por no hablar de la cierta incongruencia que lleva a este pequeño oasis en el film.

Sin ser un film recomendable, posiblemente quien vaya con muy pocas expectativas consiga pasar un buen rato. Película perfecta para una sobremesa donde no queremos hacer demasiado esfuerzo mental. Es una pena que un género que nos ha hecho pasar tan buenos momentos (sin necesidad apelar a las obras maestras) nos dé también un título absolutamente prescindible, sin ningún tipo de sustancia.