Clasicosis

Cine Clásico: 70º aniversario de 'Bambi'.

- ¿Qué pasa, madre? ¿Por qué corremos?

Ficha: Bambi

Érase una vez, en un bosque muy lejano, inspirado en los parajes de Neuquén (Argentina), nacía un pequeño cervatillo llamado a ser el Príncipe del Bosque. El pequeño "Bambi" (Bambi, 1942) cumple esta semana 70 años y, aprovenchando este acontecimiento, vamos a contar su historia, esa que ha marcado a lo largo de los años a generaciones y generaciones de niños creándoles un impacto (también llamado trauma) que pocos han podido superar.

Había una vez un señor llamado Walt Disney que escuchó hablar sobre una historia de ciervos, conejos y mofetas, y decidió ponerse manos a la obra para llevarla a la gran pantalla. Esto fue en 1933, pero su perfeccionismo le llevó estrenarla 9 años más tarde. En 1942, el mundo estaba inmerso una guerra mundial y se pensó que sería un buen momento para animar a la gente tocándoles el corazón.

Bambi es un ciervo que empezará a conocer el mundo de mano de su madre y sus amigos, el conejo Tambor, la mofeta Flor y una cierva llamada Felline. Tendrá que aprender rápido, porque el bosque es un sitio peligroso, especialmente cuando el hombre está cerca. Bambi es un ser tímido y cauto que espabilará a base de uno de los mayores golpes que alguien pueda recibir, la muerte de su madre.

El principal villano es el ser humano encarnado en cazador, pero sin duda, se podría considerar a Walt Disney el mayor villano de esta historia. Es muy loable su intento de contar una cuento con tan sólo unas mil palabras (en inglés), sin embargo, tener que recurrir a trucos fáciles como la muerte para llegar al corazón de los pequeños es más una crueldad que una virtud. Esta pequeña obsesión con la falta de figura materna le acompaña a lo largo de sus películas, pero en esta historia en concreto se ensaña especialmente. Ya habrá tiempo en la vida para sufrir, tener que hacerlo en la infacia y a través de una película, es innecesario.

Por el contrario, los héroes y salvadores de Bambi son Frank Churchill y Edward H. Plumb. Con su música completan los muchos minutos sin diálogo y encuentran el tono adecuado en cada escena, en las huídas, persecuciones o para ilustrar paisajes bucólicos y momentos de aprendizaje con humor. Por su parte, los ilustradores hacen un buen trabajo para la época pero esos fondos suavizados a día de hoy han quedado desfasadísimos. Su mayor virtud es sin duda el dar vida a los animales sin que pierdan su esencia pero humanizándoles para poder ver en sus rostros actitudes y reacciones más reconocibles.

Todo cuento infantil viene con una moraleja incluída, en este caso me quedaría con "no es necesario exponer a los niños a una película como ésta", pasando por encima de "el cazador es el demonio, hazte vegetariano" o "aprende de los animales, son mucho mejores que nosotros". Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.