Clasicosis

Cine Clásico: 'La virgen casada' con la ambición desmedida.

"Aunque marido y mujer, los McMillan tienen pocas cosas en común."

Ficha: La virgen casada

Por primera vez vamos a darle entrada en el blog a una de las primeras auténticas estrellas de Hollywood, Rodolfo (o Rudolph) Valentino. A su ves, éste también es el primer film que veo del actor. No es el más conocido, pero encontrármelo a un precio irrisorio (menos de un euro) en una gran cadena hizo que me sintiese inmediatamente tentada a llevármelo. Tampoco en su momento fue un film con una gran acogida, ya que cuando la popularidad de Valentino comenzó a crecer decidieron volverlo a estrenar con otro nombre.

"La virgen casada" (The married virgin, posteriormente Frivolous wives, 1918) es un largometraje hecho para entretener al público de la época sin pretensiones. A pesar de esto, el film nos demuestra que el cine comercial o más convencional plantó sus bases en cine mudo y desde ahí continuó producciendo infinidad de títulos con el mismo esquema.

Ethel McMillan (Kathleen Kirkman) es una mujer de la alta sociedad casada con un señor (Edward Jobson) con quien no tiene nada en común, al igual que no lo tiene con su hijastra (Vera Sisson), quien no es mucho más joven que ella. Ethel tiene como amante al Conde Roberto di San Fraccini (Rodolfo Valentino), un aprovechado interesado en sacar dinero de los demás. Ambos planearán cómo conseguir una fortuna del marido de Ethel extorsionándole con una información importante.

Como indica el argumento, estamos claramente ante un melodrama clásico, ese que luego subirían un peldaño gracias a genios como William Wyler. Tenemos a una familia adinerada pero no bien avenida, una mujer ambiciosa y sin escrúpulos, a un galán arruinado dispuesto a todo por conseguir una buena suma de billetes. El argumento no es nada del otro mundo pero el film tiene algún detalle destacable, como la actuación de Kathleen Kirkman, quien en verdad era cuatro años más joven que su hijastra. Su interpretación se divide en la parte fría y despiadada, y en la apasionada y enamorada de Valentino pero ambas conjugan en un mismo personaje con bastante credibilidad.

Técnicamente es una película bien rodada, a pesar de los muchos exteriores la calidad de la imagen está muy ciudada. Joseph Maxwell arriesga hasta haciendo un flashback dentro de un flashback pero de una manera clara que no confunde al espectador. Por ponerle un punto negativo diremos que por momentos abusa de cortinillas con texto muchas veces innecesarias.

Se podría recomendar este film a los cinéfilos más curiosos, perfecta para los que nos gusta indagar en el origen de las cosas. Estamos ante una película de 1918, el cine estaba en sus primeros compases pero ya se estaba planteando una fórmula que perduraría durante décadas.