Clasicosis

Cine Clásico: 'Chantaje en Broadway' a un alto precio.

- Me encanta esta sucia ciudad.

Ficha: Chantaje en Broadway.

Hoy damos la bienvenida al blog al director Alexander MacKendrick. Si hay un título que ha marcado su filmografía, éste sería “El quinteto de la muerte” (The ladykillers, 1957). El realizador, americano de origen escocés, desarrolló su carrera en Reino Unido, pero tras su gran película cruzó el charco y nos trajo un Nueva York, ante todo nocturno. Una ciudad llena de favores y deudas en las altas esferas donde todos caminan al borde del abismo, excepto uno.

Chantaje en Broadway” (Sweet smell of success, 1957) es una cinta de cine negro con toques de drama. Esta vez se deja el atractivo de las femme fatales, mafiosos o el heroísmo del protagonista. Estos personajes se arrastran, viven bajo un yugo opresor o están endiosados que se creen intocables. Todo esto envuelto en con una fantástica puesta en escena se convierte en un título perfecto para los amantes del género.

Sidney Falco (Tony Curtis) es un agente de prensa que roza la bancarrota y miente más que habla a sus clientes para evitar que le dejen. Sobrevive a base de pasar jugosa información al columnista J. J. Hunsecker (Burt Lancanster). Falco cae en desgracia al no conseguir lo que Hunsecker le pidió, que la relación de su hermana Susie (Susan Harrison) con un prometedor guitarrista (Martin Milner) termine.

Burt Lancaster demostró con creces que era un actor válido en casi cualquier tipo de papel. Esta versatilidad le llevó a interpretar aquí a un despiadado personaje, megalómano, autoritario y sin una pizca de autocrítica. Plantear un film negro donde no hay armas y el principal villano es un columnista puede parecer una locura hasta que conocemos a J. J. Hunsecker. Muchos preferirían recibir un balazo antes que ser el objetivo de la furia de este orgulloso y manipulador personaje. Tony Curtis se mantiene siempre la sombra de Lancaster, su Falco es descrito perfectamente en el film como “un canalla, un canalla de verdad”. Su fin es alcanzar la cima del éxito y para ello los medios no son importantes. Miente, camela, chantajea y hace todo lo posible por complacer a J. J. Hunsecker. El excesivo nerviosismo o histrionismo de la actuación de Curtis acaba consiguiendo que su personaje sea cargante, lo que no descarto que sea algo completamente intencional.

De lo que más se agradece viendo la película es lo cuidada que está la producción. Lo he dicho a menudo, los escenarios reales son difíciles de encontrar en el clásico, pero un film rodado así es una auténtica maravilla. En esta ocasión además, el continuo cambio de escenario le da muchísimo dinamismo a la historia. MacKendrick mueve la cámara de forma limpia e impecable, los planos contrapicados de Lancaster aumentan esa sensación de superioridad que posee. Pero más allá de estos detalles prevalece la impresionante fotografía en blanco y negro de James Wong Howe acompañado de un maestro en la música como Elmer Bernstein. Ambos trabajos unidos en las transiciones o cambios de escena hace que la película sea tremendamente atractiva. La música de jazz y el Nueva York nocturno y del mundo del espectáculo se combinan a la perfección.

Para quien quiera introducirse en el mundo del cine negro tiene muchos títulos representativos del género por conocer. Para los amantes del mismo, este film algo desconocido u olvidado nos proporciona una historia con detalles poco explotados en el género y que funcionan bien. Sin armas nos queda la palabra como método de intimidación y amenaza. Gracias a esto Lancaster tiene a su disposición una serie de líneas que cortan la respiración de quien las recibe. Este cambio de estilo se agradece sobremanera especialmente la segunda vez que la ves, la primera puede que te deje sin saber muy bien qué pensar.