Clasicosis

Cine Clásico: 'El hombre invisible' una presa imposible.

- Un hombre invisible puede manejar el mundo. Nadie le verá venir, nadie le verá marcharse.

Ficha: El hombre invisible.

Los Estudios Universal en los años 30 encargaron una serie de cintas de terror que han pasado a la historia. Dráculas, Frankensteins y demás amenazas colocaban en la cima del éxito a sus producciones. "El hombre invisible" (The invisible man, 1933) nace del libro de H. G. Wells y es de las pocas ocasiones donde el film se mantiene fiel al texto original. Este film, al igual que muchos de sus predecesores, tuvo una secuela en 1941 protagonizada entre otros por Vincent Price llamado "El hombre invisible vuelve" (The invisible man returns).

El jugoso tema de la invisibilidad ha provocado una gran cantidad de versiones cinematográficas. A pesar de ser una de las primeras adaptaciones, es quizás una de las que más se acercan a la obra de Wells.

Un científico (Claude Rains) consigue dar con una fórmula para la invisibilidad que a su vez conlleva una serie de efectos secundarios bastante peligrosos. Tras huir para encontrar la forma de devolverle a su cuerpo, este científico se irá convirtiendo en alguien cruel, violento, autoritario y excesivamente ególatra.

Uno de los grandes aciertos de estas películas era su duración. En apenas una hora y diez minutos conseguían condensar una historia con un buen ritmo y una buena tensión. Estamos ante una película complicada de realizar en 1933, se necesitan buenos efectos especiales para conseguir mostrar que hay un ser invisible en la escena. La mayoría de escenas se resuelven con solvencia y es especialmente admirable ver lo bien hechas que están las imágenes del hombre invisible vestido y en movimiento. Sin mostrar grandes alardes, se nota un gran trabajo técnico que sin duda es indispensable para hacernos entrar y creernos esta historia.

Claude Rains fue un secundario de lujo. Sin él no tendríamos ese "principio de una hermosa amistad" o no sufriríamos tanto con "Encadenados" (Notorious, 1946). Tras un film mudo, este se podría considerar su debut en el cine. Un actor dedicado al teatro era perfecto para un papel donde la dicción y la voz es vital ya que no veremos al protagonista. Rains hace un gran trabajo, lo que le da esa calidad de la que hablamos al film.

Para los amantes del terror (el clásico, no de slashers o exploitation) es un film de los imprenscindibles. Quien se quiera introducir en él también tiene aquí un título perfecto para ello. Su ritmo rápido y que dure un suspiro lo convierten en un entretenimiento perfecto para sentarnos frente a la pantalla y evadirnos del mundo. Que nadie pida acabar teniendo pesadillas o imágenes grotescas, posiblemente nadie pase por momentos de tensión insoportable. Con los años y los límites que ha explorado este género, estos títulos se han quedado descafienados en lo que a mordernos las uñas se refiere. Este film es lo que es sin engañar a nadie y eso ya es mucho.