Clasicosis

Cine Clásico: 'Calle 42', música para la depresión.

- Sawyer, sales como una joven, pero tienes que volver como una estrella.

Ficha: Calle 42.

Como en cada momento importante del siglo pasado y presente, el cine más comercial ha tenido que adaptarse a lo que la realidad y el público demandaba en cada situación. En 1933, Estados Unidos aún estaba marcada por la crisis financiera del 29. Como decía ‘Los viajes de Sullivan’, la gente (especialmente la más pobre) no quiere ver sus miserias en pantalla sino una comedia que les haga olvidar. Parece que Sturges no iba muy desencaminado en tal afirmación ya que "Calle 42" (42nd Street, 1933) se convirtió en un auténtico éxito que acabó salvando a la Warner de la quiebra. Además del favor del público, este musical acabó siendo nominado en la categoría de mejor película.

 

El film muestra a un grupo que pretende sacar adelante una obra de teatro musical. El director (Warner Baxter) está arruinado por la crisis. El productor (Guy Kibbee ) pone dinero a cambio de que la estrella principal (Bebe Daniels) le haga compañía en ciertas ocasiones. Esta misma estrella tiene pareja, un hombre buscado por la mafia ( George Brent). Este hombre buscado por la mafia entabla amistad con una ingenua debutante en el teatro (Ruby Keeler). Ya así podríamos seguir describiendo a los muchos personajes que aparecen en pantalla. Hasta en un pequeño papel tenemos a las después estrellas Ginger Rogers y Dick Powell.

Si este film se convirtió en un título importante fue principalmente porque supo combinar los géneros en los que se mueve. Es un musical sin números musicales. Me explico, las canciones se introducen como parte de los ensayos teatrales, la narración no se detiene para que los protagonistas se expresen cantando. Aunque se puede considerar comedia, la trama se apoya más sobre una historia ligera con algún gag. La cantidad de personajes que continuamente interactúan los unos con los otros hace impredecible el transcurso del film con ciertos giros en los acontecimientos. No son sorprendentes o impactantes pero nos mantienen atentos y entretenidos.

Lloyd Bacon realiza una buena dirección. Reparte bien los tiempos, con tanta gente involucrada podía perderse en tramas secundarias que no llevan a nada, pero al contrario, no olvida quienes son los protagonistas a pesar de dar momentos a otros personajes. Los números, a excepción del último, son bastante cortos y no cansan, consiguiendo así que el ritmo del film sea bastante dinámico.

El espectador actual no se desvive por este género (de ahí que esté casi extinguido de nuestras carteleras) y si lo hace, pide una cierta espectacularidad que este film no posee, excepto por las coreografías caleidoscópicas finales creadas por Busby Berkeley. Lan canciones creadas por Harry Warren y Al Dubin han perdurado hasta hoy, posiblemente mientras suenen nos encontraremos tarareándolas aunque no sepamos dónde las hemos oído antes. Un film perfecto para los amantes de género pero completamente prescindible para quien no esté interesado en gorgoritos y piernas moviéndose al unísono.