Clasicosis

Cine Clásico: 'Sopa de ganso', receta de humor disparatado.

- Es usted un hombre valiente, cruce la línea, y recuerde que mientras esté ahí fuera jugándose la vida, nosotros estaremos aquí dentro pensando en lo idiota que es.

Ficha: Sopa de ganso.

Hay que ir purgando pecados. En aproximadamente un año medio de andarura de Clasicosis solo hay una entrada dedicada a los grandísimo hermanos Marx. El anterior título fue "Una noche en la ópera" (A night at the opera, 1935), al que podemos considerar de una segunda etapa de los Marx. Una vez unidos al todopoderoso jefe de la Metro Goldwin Mayer, Irving Thalberg, los Marx tuvieron que aceptar ciertas imposiciones para tratar de mejorar la recaudación de sus films. Tuvieron que incluir una trama al uso y no una "serie de sketches" como consideraban a sus obras previas.

En "Sopa de ganso" (Duck Soup, 1933) mantienen la dinámica y el formato de sus primeras historias. Lo que podríamos considerar el estilo genuino de los hermanos más famosos del cine. Bajo la dirección, en esta ocasión, de uno de esos nombres que han quedado relegados a un segundo plano pero que deberíamos reivindicar a diario: Leo McCarey.

La República Democrática de Freedonia pone al frente del gobierno a Rufus T. Firefly (Groucho Marx), hombre quien por supuesto no tiene ni idea de lo que está haciendo. El Estado de Sylvania mandará a dos famosos espías (Chico y Harpo Marx) a investigar crean aún más descontrol. Como siempre, en el papel de millonaria viuda a la que Groucho quiere conquistar tenemos a Margaret Dumont.

En esta película aparecerá Zeppo por última vez acompañando a sus hermanos. Siempre fue el eslabón más débil y, a la vista está, el más prescindible. Sin su presencia la esencia de los Marx no se resintió. Sus papeles quedaban relegados al de galán o colaborador pero no tenía un humor propio al que se le sacaba partido.

Aunque el público no lo note o no esté pendiente, la comedia tiene un tiempo, y si lo sabes medir estás más cerca de tener éxito en ella. Si entendemos la película como una sucesión de sketches, en cada uno de ellos podemos comprobar lo magníficamente bien que miden los tiempos Groucho, Chico y Harpo. Pero además hay que contar con que el montaje del film sea dinámico o que los momentos musicales queden bien integrados, y ahí es donde entra en acción McCarey. El realizador tiene auténticas obras maestras en films dramáticos o románticos pero también conocemos su buen hacer en comedia. Su gran labor en esta cinta es más la de organizar el caos que la de dejar su huella. En esta tipo de cintas el peso está en los tres protagonistas y hay poco espacio para que (en pleno sistema de grandes estudios) el director aporte una visión.

 

La locura en la que nos introducimos cada vez que nos metemos en el universo Marx es, afortunadamente, única. El humor de cada uno de ellos sigue estando fresco. Obviamente, tras casi 80 años, hay fórmulas que se han repetido hasta la saciedad y puede no ser tan sorprende. Lo que nunca se ha vuelto a ver es una lengua como la de Groucho y la fantástica combinación de los tres (perdonad que olvide a Zeppo). Este film está lleno de frases que han pasado a la historia, escoger tan solo una para encabezar la entrada ha sido una pesadilla. Escenas como la del espejo jamás dejarán de hacernos gracia y eso es algo que solo los maestros consiguen.