Clasicosis

Cine clásico: ‘El fantasma y la señora Muir’ viven juntos en La Gaviota.

- Soy real, estoy aquí porque usted quiere creerlo así. Siga creyendo en mí y seguiré siendo una realidad.

Ficha: El fantasma y la señora Muir.

Hay películas engañosas. Películas que parecen pequeñas pero una vez vistas descubres que son inmensas. Películas que parecen simples pero una vez vistas descubres todo lo que traen detrás. Películas que parecen comedias pero una vez vistas resultan ser todo un estudio sobre la soledad, la compañía, la evolución personal, lo real, lo ficticio, el pasado, el futuro, etc. “El fantasma y la señora Muir” (The ghost and Mrs. Muir, 1947) es todo esto y más.

Mankiewicz da uno de sus primeros pasos en el mundo del cine con un film que consideró como de aprendizaje, sin embargo, vista con el paso de los años vemos que no estaba probando nada ni saltando al vacío, tuvo un guion sólido y profundo, unos actores fabulosos, una maravillosa música de Bernard Herrmann y una fotografía de Charles B. Lang que llegó a estar nominada al Oscar. Con esta combinación y unas buenas dotes de sastrería consiguió una película pequeña, sutil y encantadora.

 

La señora Muir (Gene Tierney) se queda viuda y con una niña de cinco años (Natalie Wood) y decide dejar la casa de su suegra y cuñada en Londres por 'La Gaviota' una casita frente al mar ocupada por un fantasma (Rex Harrison) muy poco hospitalario. Lo que comienza con un aire de misterio y terror pronto se convierte en una comedia ácida y sarcástica para dar paso a un melodrama con tintes fantásticos y románticos.

En cuanto estos personajes se conocen surge un toma y daca maravilloso, parecen un matrimonio que lleva casado veinte años, están condenados a convivir y no tienen el menor problema en discutir constantemente. A su vez van teniendo conversaciones importantes y sinceras que les llevan a conocerse mejor. El capitán Gregg es ante todo un hombre de mar, cascarrabias, gruñón, mal hablado, autoritario e incluso algo misógino, pero no puede dominar a la señora Muir, una mujer que está empezando a tomar las riendas de su vida y que está sacando fuerzas de donde nadie imaginaba. Gene Tierney, a parte de ser uno de los rostros más bellos de Hollywood consigue en esta película una de sus mejores actuaciones, todo se basa en miradas y gestos, transmite todo tipo de emociones, amor, dolor, nostalgia, alegría, ingenuidad… Por su lado, Rex Harrison se acerca a lo que en un futuro sería el profesor Higgins de “My fair lady” (id, 1964) pero que a través de su mirada desnuda al personaje mostrándonos su lado humano y vulnerable.

La relación entre ambos es una ilusión, aunque haya flirteos nunca llegará a nada, uno vive en el pasado y otro en el presente y eso es algo que ambos tienen muy claro, Lucy necesita recuperar su vida y encaminarla de nuevo, porque al fin y al cabo, ni siquiera sabemos si el espíritu del capitán es real o un producto de su imaginación que ha creado para seguir adelante.

 

A través de este pequeño cuento podemos llegar a creer que todo es posible, que el mar y la tierra congenien, el pasado y el presente nos encaminen hacia el futuro, que el día y la noche se adoren. Todo esto puede parecer abstracto e intangible y difícil de transmitir, pero gracias al tratamiento poético, incluso onírico el film no peca nunca de sacar los pies del tiesto e intentar vendernos algo inverosímil, sino todo lo contrario, creemos y deseamos que alguien pueda vivir alguna aventura así en algún momento de su vida. Sin duda una de las películas que más me han marcado y que más cariño tengo.