Clasicosis

Cine Clásico: 'Harper, investigador privado' saltando de pista en pista.

- ¿Una copa, Sr. Harper?

- No antes del mediodía.

- Pensaba que era usted detective.

- Un nuevo tipo.

Ficha: Harper, investigador privado.

Hace ya varias semanas que no escribíamos sobre la película clásica que emite TVE esta noche, bien porque lo emitido no se podría considerar cine clásico o bien porque ya teníamos una entrada hecha sobre el film. Hoy rompemos esta racha de sequía con “Harper, investigador privado” (Harper, 1966), un título que sólo con ver nombres como Paul Newman, Lauren Bacall, Janet Leigh o Shelley Winters ya se nos hace como mínimo atractiva.

 

La Sra. Sampson ( Lauren Bacall ) se pone en contacto con el detective Lew Harper (Paul Newman) para que investigue la desaparición de su marido. A partir de aquí Harper irá conociendo al entorno que rodea a este misterioso Ralph y atando cabos.

Paul Newman, aunque su personaje no sea un desafío interpretativo, consigue llenar de carisma a este detective. Harper está divorciándose de Susan (Janet Leigh) lo que le da un punto de desencanto a la película. También tiene intentos de comedia muy leves y algo fallidos a excepción de un par de personajes que sí consiguen tener algún detalle realmente gracioso.

Tanto nombre conocido entre el reparto se debe principalmente a los pocos minutos que aparecen en pantalla. Tanto Bacall como Leigh o Winters están en unas tres escenas cada una, con lo cual, no nos dejemos engañar por el anuncio televisivo donde parece que Bacall es coprotagonista de la película.

A pesar de ser un film principalmente de intriga, personalmente lo incluyo en un subgrupo que he decidido llamar “en busca del tesoro”. No se trata tanto de crear una atmósfera de misterio y de que el peligro aceche como que el protagonista obtenga una pista que le lleve a otra escena donde encontrará otra pista que le llevará a una nueva escena y así sucesivamente. El director Jack Smight intenta darle un toque como los muchos films de detectives que aparecieron en los años 30. De hecho, en la novela de Ross MacDonald en la que se basa, Harper se llama Archer en homenaje al compañero de Bogart en “El halcón maltés”.

Smight consigue un film entretenido que no aspira a más ya que está estirado en exceso. Dos horas de duración no es un metraje excesivo en la mayoría de los casos, lo malo es cuando tienes la sensación de que con veinte minutos menos hubiera sido más dinámico. Ese mal sabor de boca que deja desluce en cierta manera el intento de hacer un film como los de antaño.