Clasicosis

Cine Clásico: 'Remordimiento', discurso antibélico.

"En su abrigo había más cartas. Estaban en alemán. Las entendí. Los niños alemanes aprenden francés, lo franceses aprenden alemán. Y cuando crecemos nos hacen matarnos unos a otros."

Ficha: Remordimiento.

Quien visite este blog a menudo se habrá dado cuenta de que ningún artículo sobre cine bélico está firmado por mí. Cada uno tenemos nuestras filias y fobias y por ahora he encontrado mi mayor escollo cinéfilo en este género. La principal razón es mi absoluta aversión a la guerra y todo lo que la rodea. Histórica y teóricamente entiendo su función como medida resolutiva de conflictos, pero en la práctica me parece un absoluto fracaso que una especie aparentemente inteligente, acabe recurriendo a estas estrategias.

Partiendo de la incomprensión que tengo por este tipo de historias, me resulta extremadamente difícil conectar con sus personajes. Termino ampliando el foco y divagando interiorme sobre el sinsentido de la lucha armada. Esta es la principal razón que me ha llevado a escribir sobre "Remordimiento" (Broken Lullaby, 1932), una de las primeras películas antibélicas de la historia.

Nos situamos en la celebración del primer aniversario del armisticio que acabó con la I Guerra Mundial. Paul Renard (Phillips Holmes) vive completamente atormentado por haber asesinado a un soldado alemán. Viéndose al borde del abismo decide que lo mejor es ir a Alemania a presentar su arrepentimiento a la familia.

A día de hoy, un discurso de estas características está bastante manido, afortunadamente. La corriente en el cine, especialmente en los años de la II Guerra Mundial, era la de alentar a los tropas y revestir la guerra de heroica. Sin embargo, Ernst Lubitsch consigue hacer una llamada a la cordura y mostrarnos que la guerra trae consigo muchas más penas que alegrías. Para ello nos bastan dos escenas. La primera es la confesión con el cura al comienzo del film, donde vemos a un hombre roto por la atrocidad cometida. La segunda es el discurso de Lionel Barrymore, ese padre huérfano de hijo que nos emociona con cada palabra. Más allá del marcado caracter aleccionador (en el buen sentido) de la película. La historia se va transformando en un pequeño cuento. Viéndolo con ojos pragmáticos, la verosimilitud de la historia puede que sea escasa. Pero esto es cine, aquí se viene a soñar que el mundo puede ser un lugar mejor.

Este registro es practicamente inaudito en la filmografía de Lubitsch. Su único film sonoro que se aleja de la comedia y de su ya famoso toque. Deja de lado su mordacidad y fina ironía para tratar con mimo a sus personajes. Sin excentricidades ni exageraciones. Sus personajes tienen tanto corazón como los de “El bazar de las sorpresas” y su mensaje tanta fuerza como el de "Ser o no ser’". El tono es completamente distinto pero Lubitsch se deja ver bajo la superficie.

El film no es perfecto y se toma sus licencias, pero el espectador que se meta en la película y se deje envolver por una historia tan inspiradora pasará por alto muchos de esos detalles. Quien quiera buscarle tres pies al gato también los encontrará. El protagonista por momentos está sobreactuado, es demasiado frágil y atormentado. El personaje de la madre (Louise Carter) mira y suspira más que habla. Todo esto no importa cuando la película cala. Por muy manido que esté el discurso, siempre es un gusto ver a alguien defenderlo.