Clasicosis

Cine Clásico: 'El chico' Humor y lágrimas.

Una película con una sonrisa y quizá una lágrima.

Ficha: El chico.

Pocos directores en la historia del cine han conseguido o consiguen lo que hiciera Charles Chaplin a lo largo de su carrera, me refiero al estilo que poseía a la hora de filmar, como era capaz de mezclar el humor con el drama, de llevarte a una escena de las más cómica que exista, para acto seguido azotarte con otra escena de lo más trágica, que hace que se te encoja el corazón, una buena muestra de todo esto, es el film del que escribo hoy, 'El chico' (The Kid, 1921).

En el film vemos como una mujer (Edna Purviance) inmersa en la pobreza, se ve forzada a abandonar a su bebé recién nacido en la puerta de una casa de personas bien acomodadas, para así poder sobrevivir. Pero por una serie de circunstancias, el niño acabará en las manos de un vagabundo (Charles Chaplin), que lo acoge y lo cuida. Transcurridos unos años la mujer se ha convertido en una estrella, una cantante que goza de una gran popularidad, y es ahora cuando siente los remordimientos de haber abandonado a su único hijo.

No voy a descubrir hoy que Charle Chaplin fue un genio en eso de crear historias y llevarlas al cine, pero nunca está de más volverlo a decir. En 'El chico', consigue crear una historia que para mí es indescriptible, porque en su corta duración, no va más allá de una hora y diez minutos, nos transmite una oleada de sentimientos que otros directores no consiguen en más de dos horas de película. Todo empieza con una aire de tristeza, viendo a la mujer vagar por las calles triste y con un pequeño en sus brazos. Pronto nos invade la preocupación al ver que el niño parece tener un futuro algo incierto. Pero de momento se nos dibuja una sonrisa en la cara cuando vemos aparecer a nuestro héroe, un vagabundo, pero no uno cualquiera, a este ya lo conocemos, se trata de Charlot, así que ya podemos estar tranquilos, porque en manos del vagabundo, sabemos que el niño estará a salvo y vivirá alguna aventura descabellada.

La pareja formada por el gran Charles Chaplin y el pequeño Jackie Coogan es enternecedora. Desde la primera escena que aparecen ambos juntos, se te coloca una sonrisa en la cara que no desaparecerá hasta que la historia de un vuelco y las relaciones entre los personajes cambien. Pero mientras tanto hay que disfrutar de esta estupenda pareja de pillos, que se buscan la vida como bien pueden, con un trabajo algo peculiar pero que les permite comer cada día. Y como no, como en muchas otras películas de este genio, tenemos al policía que siempre está detrás de Charlot.

Tendría que consultar el diccionario para encontrar adjetivos que pudieran definir a este film, porque para mí, estamos ante un proyecto perfecto, que consigue todo aquello que se propone  haciendo pasar al público un rato mucho más que agradable.