Clasicosis

Cine Clásico: 'El viento' que azota la razón.

 

 

"Viento, arena, arena... viento, ayer... mañana, para siempre..."

Ficha: El viento.

Recibir sugerencias siempre es una satisfacción. Que esa sugerencia venga dada por alguien cuya sensibilidad y forma de ver el cine te fascina en cada uno de sus escritos es además una responsabilidad maravillosa. El creador de La butaca azul, uno de los blogs que más admiro, me lanzó esta propuesta y desde el primer momento no puedo hacer más que agradecérselo.

Victor Sjöström será recordado por protagonizar la obra maestra "Fresas salvajes" del realizador sueco por excelencia Ingmar Bergman. Sin embargo, en la década de los 10 y 20 fue un reconocido director que trabajó en su país natal hasta emigrar a Hollywood. Verdaderamente, la artífice de que esta historia viese la luz fue la actriz Lillian Gish quien leyó la novela de Dorothy Scarborough. Realizó un borrador que pasó a la guionista Frances Marion y contactó con Sjöström para dirigirla. Esto fue posible gracias a la saturación de trabajo del todopoderoso Thalberg, quien dio a Gish toda la libertad para realizar el film.


Letty (Lillian Gish) es una joven de Virginia que se muda a Texas con unos familiares. El pueblo está situado en un enclave de lo más inhóspito, un fuerte viento que arrastra arena sopla continuamente. Le advierten lo fácil que puede ser para una mujer perder la cabeza en un sitio así. No sólo el viento será el causante de la difícil adaptación de Letty a su nuevo entorno. Su educación, costumbres y maneras poco tienen que ver con las del lugar. En esta tesitura irá tomando decisiones que pueden no ser acertadas o pueden serlo y ella no se está dando cuenta.

El film queda abierto a infinidad de interpretaciones, tantas como espectadores tenga. La película perdura en nuestra mente durante horas analizando las posibles lecturas hasta quedarnos con la que más nos convenza. No creo que nadie pueda ser categórico en torno a ella. Podemos acachar al viento muchas de las desgracias de Letty pero no todas. Habrá quien vea en ese paraje inhabitable al mayor culpable. Habrá quien vea en ella o en quienes la rodean a los culpables. Habrá quien vea que la combinación de todos estos factores es lo que precipita el desarrollo de los acontecimientos.

Lo que sí es inapelable es la calidad de la cinta. Cuando el cine aún estaba plantando sus bases ya había quien estaba rompiendo los límites. Sjöström lleva a cabo una obra titánica. Rodando en el desierto y moviendo las hélices de ocho aviones, consigue llevarnos a uno de los lugares más hoscos de La Tierra para presenciar un drama diferente.

Esta será la última película muda de un icono del mismo, Lillian Gish. Esta despedida se hará a lo grande. Sus ojos, tremendamente expresivos, evolucionan con su personajes siendo muy fácil leerlos. En el cine mudo se puede pecar de gesticular en exceso, sin embargo, tanto su actuación como la de Lars Hanson resultan muy adecuadas al tono del film.

 

"El viento", provocado por un caballo que galopa continuamente sobre las nubes, trata al espectador como un ser inteligente y eso siempre se agradece. El público de la época no estaba preparado para un final como el rodado en un primer momento así que hubo que rodar otro alternativo. Sin duda el elegido en primer lugar habría encajado más visto el devenir de la trama. A pesar de esto, sigue siendo una película obligatoria.

Hasta hace unos días solo conocía la faceta interpretativa de Sjöström, ahora que le he descubierto tras la cámara no dejo de indagar en su filmografía para decidir cuál será el próximo título que disfrutar.

 

P. D.: Si mis palabras no han servido de nada, quizás la presentación hecha por la propia Gish os ayude a decidiros.