Clasicosis

Cine Clásico: 'Casablanca', 70º aniversario.

"El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos."

Ficha: Casablanca.

Hoy el cine está de cumpleaños. Hace exactamente 70 años se estranaba el título clásico (junto con "Lo que el viento se llevó") por antonomasia. "Casablanca" (id, 1942) ya no se puede concebir como una película, es algo más, un mito quizás. Un Shangi-La cinéfilo. Ese lugar que nunca se volverá a repetir, si es que ha existido realmente. La sombra de "Casablanca" es tan alargada que hasta se ensombrece a sí misma. Ha llegado un punto en que lo que ocurre o cómo ocurre es lo de menos. Estamos presenciando la historia del cine. Decenas de frases inmortales, personajes eternos o cientos de referencias en films posteriores, eso es "Casablanca".

La magia de esta cinta reside en su falta de pretenciosidad. No nació para hacer historia. Una serie de magníficas casualidades (más o menos forzadas) obraron el milagro. A pesar del respaldo de Warner, la película era un proyecto de bajo presupuesto. Sólo el Rick's Café se construyó para el film, el resto de decorados fueron reciclados de otras películas. Howard Hawks la intercambió con Michael Curtiz por "El sargento York", parece que no era precisamente un objeto de deseo. Lógico si pensamos que no tuvo un guion definitivo hasta unas semanas antes de empezar el rodaje, y aun así durante el mismo siguió sufriendo cambios.

Los protagonistas también eran conscientes de este caótico comienzo. Humphrey Bogart e Ingrid Bergman conjuraban sobre cómo salir de ahí. Nada parecía tener sentido. Afortunadamente para nosotros esto no ocurrió, a día de hoy otros Rick e Ilsa son impensables. Rick es un personaje hecho a la medida de Bogart. Un hombre que parece saber de todo, tener siempre el control de la situación y al cual los sentimientos nunca le pertuban. Lo maravilloso del film es ver cómo esa carcasa de cínico y neutral se desmorona y nos regala a uno de los mejores héroes de la gran pantalla. Alguien capaz de cualquier sacrificio sin pensar en lo que puede perder. Ilsa es uno de esos personajes que tan bien sentaban a Bergman. Tras una apariencia ingenua se esconde una mujer en una encrucijada. En el momento en que estos personajes se reencuentran, la frase "donde hubo fuego quedan cenizas"cobra sentido.

A partir de este momento, lo que podría ser un film de intrigas políticas y policiales gira irremediablemente hacia el romance. No abandona el resto de géneros y esta combinación es lo que la eleva a las alturas. Con toques de comedia y sarcasmo (¿Cuál es su nacionalidad? Borracho.), discurso anti-nazi, atmósfera exótica y "As time goes by" forman el coctail idóneo.

La cinta es una gran historia sobre los dos protagonistas pero que irremediablemente nos deja con la miel en los labios. ¿Acaso no nos gustaría saber el pasado, presente y futuro de Sam (Dooley Wilson), el capitán Louis Renault (Claude Rains) o Ugarte (Peter Lorre)? En una época tan convulsa, las diferentes personalidades que confluyen en una ciudad a donde todos huyen es de lo más interesante.

Michael Curtiz, un director más solvente y versátil, toca techo con este título. La fotografía de Arthur Edelson y la iluminación hacen un fantástico trabajo y nos hacen olvidar lo modesta que es la producción. Max Steiner y sus conocidas bandas sinfónicas nos marcan la intensidad y los cambios de género de la película. Curtiz se supo rodear de un gran equipo técnico. Además se las ingenió en escenas como la del aeropuerto, donde jugaba con la perspectiva. Nunca hubo un avión real y esas personas al fondo transportanto equipajes eran, en verdad, enanos.

"Casablanca" no tuvo un camino fácil hacia la inmortalidad pero es imposible negarle su importacia histórica. Un film con tantos ingredientes de buena calidad y tan bien cocinados que ninguno sobresale por encima de otro. Todos juntos crean un título que nunca desaparecerá. Ha sobrevivido intacta a siete décadas y seguirá sumando. Nosotros sólo podemos sentarnos a disfrutar del que posiblemente sea "el comienzo de una gran amistad".