Clasicosis

Cine Clásico: 'Matar a un ruiseñor' cumple 50 años.

- Hijo, hay muchas cosas feas en este mundo. Me gustaría que no las vieras, pero no es posible.

Ficha: Matar a un ruiseñor.

Desde que la idea de crear un blog sobre cine se empezó a formar en mi cabeza tenía ganas de escribir sobre esta película. Milagrosamente, he conseguido aguantar mis ansias y esperar a un día especial. Hoy, 25 de diciembre se cumple 50 años de su estreno en Los Ángeles. No imagino un plan mejor para el día de Navidad que disfrutar de este film en pantalla grande.

"Matar a un ruiseñor" (To kill a mockingbird, 1962) no es un film judicial, que lo es, ni un drama rural, que también, ni la historia sobre un viudo con dos hijos o sobre el racismo que asola Alabama en los años 30. "Matar a un ruiseñor" es mucho más, es uno de los films más inspiradores y conmovedores de la historia. No podemos hablar de una película más cuando la autora del libro, Harper Lee, acaba regalando el reloj de su recien fallecido padre a Gregory Peck por interpretar a un hombre basado en él tan bien. Cuando el nieto de Peck se llama Harper en honor a ella. Cuando el actor, que siguió teniendo relación con su hija en la ficción, siempre la llamó Scout como su personaje. Cuando su protagonista, Atticus Finch, es considerado el mayor héroe de la historia del cine y no es más que un abogado. Por esto, y por mil detalles más que iremos desgranando a continuación, podemos decir que "Matar a un ruiseñor" es una auténtica obra maestra.

Con una narradora excepcional, la pequeña Scout (Mary Badham), conoceremos el desarrollo de un proceso judicial donde su padre, Atticus Finch (Gregory Peck), defenderá a un negro (Brock Peters) acusado de violar a una mujer blanca. El clima racista de Alabama en los años 30 hará especialmente difícil esta misión. Tanto Scout como su hermano Jem aprovecharán el verano no sólo para jugar sino para aprender una importante lección de vida.

Considero a Atticus Finch uno de los personajes más admirables de la historia del cine. A diferencia de la mayoría, Atticus no tiene la necesidad de meterse en tal tesitura, lo hace por principios, moralidad, sentimiento de justicia o de comunidad. Ninguna amenaza se cierne sobre él, lo hace por la educación sus hijos, quienes aunque no le han pedido que lo haga, él sabe que casi todas sus acciones son una oportunidad para formarles como personas honradas. Con Atticus puede aparecer una perla de sabiduría a cada vuelta de la esquina de la que muchos podemos tomar nota. Un hombre inteligente, prudente, serio, pero no hermético. Le entendemos a la perfección pero nos encanta ver cómo una niña preguntona y peleona saca lo mejor de él.

Gregory Peck se mete en la piel de este personaje de forma soberbia. Cada arista del personaje está integrado en un todo congruente. A pesar de todos los eligios que el personaje recibe, Peck le convierte en una persona real, cercana y lejos del semidios al que hemos descrito. Es, indudablemente, el papel de su vida. Mary Badham no había pisado un set de rodaje en su vida, sin embargo, con tan sólo 9 años se come la pantalla. Abandonó el cine pronto pero la peculiar Scout permanecerá siempre en el recuerdo. La química entre ambos es impresionante. El primogénito Jem, interpretado por Phillip Alford, nunca llega a quedarse descolgado. Lo bien escritos e interpretados que están los niños del film, así como los muchos habitantes del pueblo, ya sean blancos o negros, redondean la película.

Robert Mulligan, un director que venía del mundo de la televisión, toca techo con esta cinta. Consigue desprender sinceridad y naturalidad en cada plano. Combina a la perfección la tranquila y hogareña vida doméstica del padre con las escenas de tensión que rodean el juicio. Horton Foote sale victorioso de la hercúlea labor de adaptar el libro y su Oscar está más que merecido. Elmer Bernstein compone una sensible y preciosa banda sonora que hace aún más especial el visionado de la película. El Oscar a la dirección artística es un fantástico reconocimiento ya que tuvieron que reconstruir todo un pueblo y hasta el último detalle está cuidado.

Posiblemente Atticus sea fruto de la admiración que su hija le profesa, no se puede ser tan perfecto. Personalmente, me da igual. Atticus es un espejo sobre el que mirarnos, nunca llegaremos a su nivel, pero intentarlo nos hará mejores. Es el Shangri-La de los que aspiramos a ser buenas personas. No soy una persona especialmente emotiva pero esta película tiene un hueco reservado entre mis favoritas. No me hace falta ver el film, basta con leer una crítica, una cita del film o ver un reportaje de escasos minutos para que mis ojos se empapen en lágrimas. Esperemos que nunca cometa el pecado de matar a un ruiseñor.