Clasicosis

Cine Clásico: 'La loca de Chaillot' quiere cambiar el mundo.

- El mundo ha cambiado, la basura ha cambiado.

Ficha: La loca de Chaillot.

Katharine Hepburn fue esa actriz incombustible que tras 40 años de carrera seguía teniendo papeles protagonistas. En 1969, el cine clásico empezaba a brillar por su ausencia, sin embargo aparece un título que aspira a transportarnos al pasado. No es sólo la presencia de Hepburn la que lo consigue sino un reparto lleno de actores que empezaban a despedir sus carreras.

"La loca de Chaillot" (The madwoman of Chaillot, 1969) iba a ser dirigida por John Huston, quien se bajó del proyecto a quince días de comenzar el rodaje. Bryan Forbes, realizar cuya carrera pasó de tapadillo, se lanzó a dirigirla solo por el lujo de trabajar con Katharine Hepburn. Claramente debió poner más atención en forjar una buena amistad con la actriz (lo cual consiguió) que en dirigir una buena película, pero seamos honestos, nosotros hubiéramos hecho lo mismo.

Aurora (Katharine Hepburn) es una condesa excéntrica que vive en un mundo imaginario junto a otras dos amigas aristócratas. Mientras tanto, en París, una serie de hombres poderosos traman cómo conseguir todo el petróleo que se encuentra bajo las calles de la capital gala y así amasar una fortuna aún mayor.

La película está basada en la obra de Jean Giraudoux, la cual fue adaptada a mucho idiomas y representada en varios países. Fue escrita durante la ocupación nazi de París y el film, aunque estrenado 25 años después, tiene un discurso que encaja para su momento y ahora, 40 años después del estreno de la película, sigue manteniéndose igual de vigente. Desgraciadamente, siendo justos, se trata de un discurso fácil y blanco. Se demoniza al capitalista agresivo y se santifica a los más desfavorecido. Personajes planos, un pasado idílico y un futuro de desesperanza y oscuridad. Se apoya en la poética paradoja de que el loco es el más cuerdo en un mundo desquiciado como el actual.

Intenta ser una historia inspiradora con toques de drama y comedia pero falla en su puesta en escena. Bebe mucho de la estética de la opereta y el treatro a pesar del tono triste y trascendental de algunas escenas. Le sobra media hora de metraje como poco. Hay escenas interminables que poco aportan a la historia y que frenan en seco el ritmo del film.

Sin duda, el mayor atractivo del film es su reparto. Aparecen grandes nombres como Charles Boyer, Giulietta Masina, Yul Brynner, Edith Evans u Oskar Homolka y jóvenes principiantes como Richard Chamberlain. La mejor aparición es la de Danny Kaye, quien se despide del cine con este personaje. Kaye pone voz a la cordura se convierte en la conciencia del film. El actor está realmente inspirado dejando atrás sus gesticulaciones tan típicas en comedia.

Duele decirlo, pero es una película superflua que no consigue mantener al espectador enganchado a la historia. Más allá de un par de escenas acertadas, con buen pulso y dinámicas, no tiene mucho más que aportar. Hepburn hace un buen papel, pero eso no es nuevo y su sola presencia no sirve para salvar las dos horas de película. La nostalgia de ver estrellas del pasado tampoco.