Clasicosis

Cine Clásico: 'Forajidos', viajando a un oscuro pasado.

- Este no es un simple asesinato. Dos asesinos a sueldo se presentan en un pueblo y se cargan a un empleado de una gasolinera, un don nadie. No hubo intento de robo, sólo iban a una cosa, a matarle, ¿por qué?

Ficha: Forajidos

En 1946 comenzó una de las carreras más sólidas que un actor puede desear. Burt Lancaster hizo su debut en el cine con esta película. Un hombre que venía del mundo del circo dio un giro a su vida y se convirtió en una estrella gracias a este brillante título de cine negro.

"Forajidos" (The killers, 1946) está dirigida por uno de los precursores del género, Robert Siodmak. El realizador alemán se apoyó en un relato de Ernest Hemingway que adaptó haciendo las delicias del propio autor. El productor Mark Hellinger pensó en Don Siegel en un primer momento pero el director estaba bajo un contrato con Warner. Dos décadas después, Siegel realizó su versión del film en "Código del Hampa" (The Killers, 1964) de la cual hablaremos en otra ocasión.

Como reza la cita que encabeza esta entrada, dos asesinos a suelto llegan a un pequeño pueblo con el objetivo de matar al trabajador de una gasolinera. Jim Riordan (Edmond O'Brien) es un agente de seguros que se encargará de investigar lo ocurrido. A través de sus descubrimientos intentaremos descubrir si Ole "El Sueco" Andreson (Burt Lancaster) merecía, o no, tal final. La película se narra por medio de constantes flashbacks. En el presente se contacta con personas que estuvieron involucradas en la historia, pero sus narraciones se contarán dando saltos al pasado. De esta forma, el espectador podrá sentir que se sumerge en una interesante trama que no se detendrá hasta que obtengamos todas las respuestas. Poco a poco iremos dejando el pasado y centrándonos en el presente ya que, tras removerlo bien, el pasado se hará presente.

La primera escena es una fantástica muestra de cine negro. Diez minutos de creciente tensión donde se nota la maestría de Siodmak y el buen guion de Anthony Veiller, quien contó también con la ayuda de John Huston aunque no apareciese en los créditos. Redondea esta magnífica escena la música de Miklós Rózsa.

Algo común al género noir es la batería de personajes que aparecen. La mayoría no están en pantalla demasiados minutos, excepto O'Brien, quien como motor de búsqueda, principalmente está de oyente. Todas son buenas interpretaciones como mínimo. Lancaster, para ser un debutante, consigue tener mucha presencia y fuerza en pantalla. Ava Gardner despliega su halo seductor dando vida a Kitty, nombre de femme fatale donde los haya. Sam Levene, a quien siempre he visto interpretando a policías, cambia de registro (aunque no de profesión) estando mucho más sosegado y natural.

Realmente, lo más importante es la atmósfera creada y mantener un ritmo que no decae. Comienza con la tensión que se tiende a reservar para el clímax final. Que la primera escena sea cronológicamente la última podría ser un despropósito si no fuese porque tiene un pulso y un impacto perfectamente medidos. El espectador entra, la historia explota, y a partir de ahí ya puede relajarse y disfrutar. Disfrutar de una de las mejores películas que el casi fallecido cine negro nos ha dejado.