Clasicosis

Cine clásico: ‘Solo ante el peligro’ y a contrarreloj.

- ¿Has visto lo que yo he visto? Vamos Joe, abre, hoy va a ser un día grande.

Ficha: Solo ante el peligro

Elegir la cita con la que encabezar cada entrada es todo un reto, hay veces que me cuesta sacar una, otras veces tengo varias posibilidades y me cuesta una barbaridad elegir una. Pero hoy he decidido destacar la primera frase del film. No me ha hecho falta más, podría haber acabado rompiéndome la cabeza entre cincuenta citas, pero eso es lo que tiene las grandes películas, que son una mina de grandes momentos, diálogos o reflexiones. “Solo ante el peligro” (High noon, 1952) pertenece sin duda a este grupo.

La película se rodó y estrenó en pleno macartismo. El guionista, Carl Foreman, que estaba en la lista negra, realizó una alegoría a todos esos que callaban o miraban para otro lado. En los Oscars de ese año se decidió premiar a “El mayor espectáculo del mundo” (The greatest show on Earth, 1952), una maniobra de acercamiento de la academia hacia McCarthy para calmar el ambiente. A día de hoy sabemos que fue uno de los Oscars más injustos pero no importa, “El hombre tranquilo” (The quiet man, 1952) y este film pasarán a la historia, que en mi opinión compensa bastante más.

 

Will Kane (Gary Cooper) es el marshall de Hadleyville, un tranquilo pueblo del Oeste. El día de su boda con Amy (Grace Kelly) es también el de su retiro, hasta que llega la noticia de que Frank Miller, un criminal a quien había capturado, llegaría al pueblo en el tren del mediodía. Su primer impulso es huir, pero rápidamente recula y decide enfrentarse a la amenaza. Intenta recabar apoyos en poco más de una hora, pero parece que sus vecinos están más interesados en salvarse ellos y no meterse en líos que en dar la cara por quien ayudó a crear un pueblo tranquilo y feliz.

Tras esta premisa se pueden observar la más amplia gama de comportamientos humanos. Cómo enfrentarse a un problema que no es nuestro aunque sus consecuencias claramente pueden acabar afectando a nuestra vida diaria. Hay quien huye, quien mira para otro lado, quien se ríe, quien se esconde, quien agacha la cabeza avergonzándose de su cobardía, quien da apoyo con sus palabras, pero que no moverá un dedo por ayudar y podría seguir así analizando a cada lugareño, existen tantas respuestas como personas.

El reparto está absolutamente soberbio. Gary Cooper dirige la orquesta, interpretando a, quizás, el personaje más importante de su carrera. Su don para encontrar el tono perfecto para cada personaje casi sin cambios físicos nos demuestra porqué era uno de los mejores actores de su época. Aunque el resto de secundarios, aunque no gozan de muchos minutos, dan a la película la redondez que acaba consiguiendo. Katy Jurado roba escenas como nadie, con esos ojos que transmiten una desesperanza impresionante consigue que sea casi imposible que la olvidemos aunque no la volvamos a ver nunca más. Pero también está el joven y ansioso ayudante del sheriff Lloyd Brigdes, el entusiasta alcalde Thomas Mitchell y la jovencísima y casi debutante Grace Kelly, que empezaría aquí su lista de grandes títulos en un carrera de tan sólo cinco años.

 

Pero si hay algo que no puede dejar pasar antes de acabar es de la canción. El tema de la película, cantado por Tex Ritter, nos acompaña a lo largo de todo el film y con su música no podemos olvidarnos de que hay un tren acercándose poco a poco. El ‘Do not forsake me, oh my darling’ nos mete en la película a un ritmo tranquilo, dos minutos y medio de presentación con la canción de fondo es toda una declaración de intenciones. Además, personalmente, no puedo evitar adorar este tema, cíclicamente necesito escucharlo una y otra vez.

Quien no haya visto el film que vea este vídeo que seguro le entran ganas de ver un poco más, y quien ya la haya visto, que disfrute de nuevo de los primeros momentos del film. Una maravilla.