Clasicosis

Cine clásico: '2001, Odisea en el espacio', pasado, presente y futuro del hombre.

-Tengo miedo, Dave…

Ficha: 2001, Odisea en el espacio.

 

Quiero hablar hoy de una película que hizo historia del cine, y que quizá hoy siga siendo una de las obras más misteriosas y comentadas de la pantalla. Una película cuyo sentido no está claro, con un final abierto a cualquier explicación y de la cuál sus propios autores dijeron que planteaba más cuestiones de las que resolvía. Y que, con todo eso, es una obra maestra, reconocida como la cima más alta en todo el cine de ciencia ficción, insuperada, posiblemente insuperable.

La realizó en el final de la década de los 60 un director que se arriesgó en cada título, Stanley Kubrik. No fue menos aquí: desechó la clásica historia de contactos con extraterrestres del cine anterior y logró contar en 141 minutos la historia de la humanidad, desde antes de su origen, hasta su próximo estado.

Y es que para mí, con todo lo abierto que puede resultar el final, es de eso de lo que trata la cinta. En la primera parte asistimos a un grupo de homínidos de la Prehistoria, todavía cubiertos de pelo y aún sin andar del todo erguidos (Kubrik quiso presentarlos más parecidos al hombre actual, pero tendrían que haber aparecido desnudos y la censura no hubiera permitido la calificación para todos los públicos). Se presentan sus debilidades, hasta que aparece de la nada un misterioso monolito negro que parece alterar sus costumbres. De pronto, evolucionan y son capaces de dominar en parte su entorno y usarlo obteniendo primitivas herramientas.

Precisamente una imagen de esas herramientas (el hueso de un animal muerto) engancha en una famosísima escena, y constituyendo lo que es la elipsis más grande en la historia del cine, con la de otra herramienta: un artefacto nuclear en órbita alrededor de la Tierra. Estamos en la segunda parte, era espacial, en un viaje a la Luna, en donde tendrá protagonismo otro monolito.

Tercera parte, en un viaje a Júpiter, un grupo de viajeros del espacio se enfrentan a HAL 9000, la mente electrónica casi humana que controla la nave. Cuando éste comienza a tener fallos, hay un enfrentamiento entre Dave Bowman, el único tripulante que sobrevive, y la máquina.

A partir de aquí, la historia se abre cuando vemos que un nuevo monolito flota junto a las lunas de Jupiter: se trata de una puerta estelar tras la que se encuentra la maravilla: un maravilloso viaje (Chaplin lloró ante la hermosura de esta escena) que engarza con la inolvidable escena final de un feto danzando en el espacio.

Más allá de las mundanas anécdotas de la película (Kubrik queriendo contratar un seguro por si aparecía vida extraterrestre real y no coincidía con la suya, o contratando a Alex North para hacer una banda sonora que luego no se usó, o usando música de György Ligeti sin consultar al compositor,…), lo que se consiguió con 2001 fue una película hermética, casi filosófica, en donde vemos cómo una mentalidad extraterrestre (el monolito) asiste a los momentos importantes de la evolución humana (quizá los provoca), que curiosamente está asociada siempre a un acto violento: matar a un animal prehistórico para comer o defenderse, la imagen del reactor nuclear, con lo amenazante que era en los sesenta, en el viaje a la Luna, o el final de la historia de HAL. Bowman, quien ha pasado la última prueba evolutiva, superando la dependencia de las herramientas (HAL es una muy humana herramienta) asciende a un nuevo nivel, naciendo como algo más allá del hombre, tras superar su vida (de ahí la última escena y la aparición del feto). Esta es al menos mi versión, pero la de cada uno es igual de buena.

Si pasamos a la realización, creo que 2001 es una de las pocas películas que cuentan una historia a través casi únicamente de imágenes. El cine es, o debiera ser, un arte visual. Aquí hay muy poco diálogo (aproximadamente la primera media hora de la película no tiene, y la última parte completa, tampoco, y en el resto, es escaso), no hay sonidos de motores o naves en el espacio (por otra parte, esto es lo correcto, en el vacío no se transmite el sonido, es de las pocas cintas que tienen esto en cuenta), tan sólo la inclusión magistral de la música.

No quiero acabar este comentario sin destacar la colaboración de Arthur C. Clarke, eminente escritor de ciencia ficción, y responsable, junto con Kubrik de la historia. Clarke, a la vez que se iba realizando el guión, iba escribiendo la novela. Al final se decidió que esta se iba a publicar tras el estreno de la película. Como anécdota, la novela da un final absolutamente cerrado, que carece de la grandeza del de la película (aunque éste último pueda entenderse en el sentido de la novela).

Tampoco puedo olvidar comentar la música de esta película. Kubrik contrató a Alex North para la banda sonora, pero al final optó, con gran acierto en mi opinión, por poner música “clásica”: el comienzo y el final con el Zarathustra de Richard Strauss, la sensación de soledad con la música de Khachaturian, la danza de las naves con los valses de Johann Strauss y, sobre todo, la música que parece de otro mundo de Ligeti, contribuyen a que 2001 sea la obra magistral que es.

Quedan muchas cuestiones, que espero podáis comentar: ¿por qué HAL parece más humano que Bowman?, ¿por qué la habitación de hotel? ¿qué es el monolito exactamente?, ¿puede interpretarse como una presencia divina?, ¿a qué llega la humanidad, que está representada por ese feto?... Al menos espero haber picado la curiosidad de quien no haya visto 2001 para que disfrute con la que es mi película favorita.