Clasicosis

Remake: ‘La Huella’

- Al señor y a la señora Hawkings les he concedido 48 horas de permiso. No volverán hasta el domingo por la noche. La casa está vacía.

Ficha: La Huella 1972

Ficha: La huella 2007

Para realizar este artículo he tenido que comerme mis principios en un par de ocasiones. Sigo viva, así que parece que no ha sido muy grave, pero lo mío me ha costado. Lo primero ha sido incluir a “La Huella” (Sleuth, 1972) como cine clásico, pero me he escudado en que  Mankiewicz y Laurence Olivier son dos de los mayores exponentes de la época dorada de Hollywood, así que, aunque la película es de la década de los 70, se podría seguir considerando como de corte clásico. Y lo segundo, y más importante aún, era que tenía que ver la segunda versión, del año 2007, para poder realizar esta entrada, y eso me producía una pereza que no os podéis imaginar. Al final reuní valor y aquí tenéis el resultado.

Siendo sincera, desde que supe que habría una nueva versión de esta película pensé que sería ridículo. Quien haya visto la original no va a tener ningún interés en ver la nueva. Es una historia llena de sorpresas y giros que se te quedan grabados en la memoria, y que sabes que eso no va a cambiar, va a ser igual en cualquier versión posterior que se grabe. Sería como un remake de “Misery” (id, 1990), recordamos todo importante y eso no cambiará. Es el mismo contenido en un continente ligeramente diferente.

 

Andrew Wyke es un conocido escritor de novelas policíacas que invita a su casa a la nueva pareja de su mujer, Milo Tindle, un hombre bastante más joven que él. Wyke es un enamorado de los juegos y le plantea uno a Tindle con el que ambos pueden salir muy beneficiados. Esta es la trama de ambos films, o mejor dicho el arranque, tras este inicio la historia irá enredándose hasta cotas insospechadas.

El primer film es, sin duda, uno de los mejores duelos interpretativos de la época. Es una auténtica maravilla ver al entonces inmenso Laurence Olivier y al entonces casi novato Michael Caine frente a frente y en acción. Ambos personajes están perfectamente escritos y se adaptan el uno al otro, juegan a los detectives y a engañarse y ya de paso a engañarnos a nosotros también. La película dura unas dos horas y cuarto pero pasan volando, de hecho yo no reparé en ello hasta hoy, y el film ya lo habré visto unas dos o tres veces. Se nota que está basado en una obra teatral, tiene unos actos bastante marcados, con lo que va avanzando sin que seas consciente de que está pasando tanto tiempo. Además el guion mezcla a la perfección la intriga con ciertos toques de ironía y humor, lo que te lleva a estar disfrutando continuamente y a no parpadear. Te deja clavado en el sillón y te olvidas de todo.

Por el contrario, la nueva versión busca un giro más hacia el thriller psicológico. Pierde esos momentos de humor y lo lleva todo a un terreno más sórdido, deja el juego de detectives y se pasa saca el lado más vengativo de cada uno. Ellos no juegan, compiten con trampas y a codazos. He de reconocer que pensé que la historia sería una copia exacta y no lo es. A cierta altura se desvía del original y toma otro camino, lo cual podría ser bueno, pero para mí es de lo más vergonzoso. Lo iba viendo y se me iban saliendo los ojos de las cuencas cada vez más, hasta no llegar a dar crédito. Quien está detrás de todo esto es Kenneth Branagh lo que me daba una cierta tranquilidad, además de ver que Michael Caine se había enrolado de nuevo en esta historia, esta vez en el papel que Olivier interpretó en la original y Jude Law haría su parte, un actor me parece capaz de lo mejor y de lo peor, depende del título. Pero eso no ha sido suficiente.

Branagh hace un intento para que estéticamente sea muy distinta y lo consigue, la mansión es ahora de diseño moderno más parecida a una discoteca que a una vivienda. La situación de la cámara también se utiliza para diferenciarse del original, pero llegan a abusar demasiado, planos medios y sencillos se agradecerían mucho más. El lenguaje tanto verbal como no verbal es en esta ocasión bastante más vulgar y agresivo.

 

Con casi una hora menos de metraje el último film consigue hacerse mil veces más largo. Pero es a lo que te arriesgas al versionar una obra maestra. Nunca llegarás a su altura y lo único que te queda es variar ciertos aspectos relativamente secundarios y esperar a que alguien pique. Conmigo, desde luego, no lo han conseguido. No sé si queda alguien en la sala que aún no haya visto ninguna de las dos versiones, si es así, espero que por su bien empiece por la del 72. Si hay alguien que sólo ha visto la de 2007, mis más sinceras condolencias, le han reventado la oportunidad de ver una increíble sin ningún tipo de idea preconcebida, que es como hay que acercarse a este film.