Clasicosis

Barbara Stanwyck: vuelve locos a los hombres en cualquier género.

En la época dorada de Hollywood había actrices que dejaban una imprenta en cada uno de sus papeles, tenían un carisma, una fuerza, o llamadlo como queráis que traspasaba su actuación y marcaban el rumbo de sus carreras. Barbara Stanwyck tenía una dulzura y picardía que dejaba huella en todas sus screwballs, pero también un temple gélido que podía rozar la maldad, idóneo para el cine negro. Estas dos caras son las que la llevaron a la cima del éxito, con títulos como ‘Perdición’ (Double indemnity, 1944) o ‘Las tres noches de Eva’ (Lady Eve, 1941) cada una en un género completamente diferente.

Ruby Stevens nació en 1907 en Nueva York y tras su paso por el vodevil se trasladó a Los Angeles en 1928 ya bajo el nombre de Barbara Stanwyck. Comenzó la década de los 30 trabajando con Frank Capra en varias películas como 'Amor prohibido' (Forbidden, 1932) o con John Ford en “El arado y las estrellas” (The Plough and the stars, 1936). Pero sería justo un año después cuando su carrera recibiría un espaldarazo con su primera nominación a los Oscar por “Stella Dallas” (id, 1937) de King Vidor, donde retrata cómo la diferencia de clase social o de ideas en torno a la educación puede destruir un matrimonio y llevar a una madre hasta a renunciar a su hija por su bienestar.

 

El pico de su carrera vino de la mano de Billy Wilder en “Perdición” (Double Indemnity, 1944), que yo la considero una de las mejores películas de cine negro de la historia. Su personaje, Phyllis Dietrichson, embauca a un vendedor de una aseguradora para que mate a su marido y así cobrar ellos el seguro. Está considerada la primera femme fatale del cine, utiliza todos sus encantos para conseguir lo que quiere y no tiene remordimientos. Yo personalmente, no puedo imaginar a otra en este papel de rubia fría y controladora, Stanwyck está soberbia.

Tuvo otras incursiones en el cine de intriga, de las cuales yo elegiría “Mentira latente” (No man of her own, 1950) y 'El extraño amor de Martha Ivers' (The strange love of Martha Ivers, 1946) donde su personaje pasa por un sin fin de estados: templanza, nerviosismo, celos, locura o manipulación compulsiva.

Pero dando un giro de 180º, pasamos del suspense a la comedia y a las películas bienintencionadas. Hablaremos más delante de ‘Bola de fuego’ (Ball of fire, 1941) y de ‘Recuerdo de una noche’ (Remember the night, 1940) ya que ambas tienen su propio remake, el de “Bola de fuego” realizado por el mismo director, Howard Hawks, pero en versión musical. Lo que pasa es que Gary Cooper está fenomenal haciendo de erudito sin ningún tipo de inteligencia social ni emocional y Stanwyck está de lo más descarada y provocativa volviendo locos a toda la tropa de sabios con su desparpajo. Pero esta pareja tiene también otro clásico juntos, ‘Juan Nadie’ (Meet John Doe, 1941) en un típica película de Frank Capra, con humor, buenos presionados y tentados por malos y moraleja final.

 

Aunque a mí me ganó definitivamente en “Las tres caras de Eva” (Lady Eve, 1941) donde tiene de su lado a Charles Coburn para hacerle todo tipo de perrerías a Henry Fonda. Jean conoce a Charlie en un viaje en barco, él viene de una larga temporada en la jungla y ella viaja con su padre y estafan a quien se pone a tiro. El problema surge cuando tras enamorarse Charlie se entera de la verdad sobre Jean.

También participó en westerns como “Union Pacific” (id, 1939) o en dramas con toques fantásticos como “Al margen de la vida” (Flesh and fantasy, 1943). Mirando su filmografía encontramos bastante variedad de géneros, incluso, poco antes de retirarse del cine realizó “El trotamundos” (Roustabout, 1964) junto a Elvis Presley pero volvió en la década de los 80 para trabajar en series como “El pájaro espino”.

Quizás uno de los puntos que tenía esta actriz que me hacen tenerle tanto cariño es ese punto desenfadado que mostraba. En los años 30 y 40 era bastante difícil sortear la censura o no ser vista como una mujer “algo ligera de cascos”, “demasiado provocadora” o alguna de estas absurdas etiquetas. Pero Barbara Stanwyck a través del sarcasmo, el humor o simplemente sin dar mayor importancia a lo que estaba diciendo o haciendo conseguía traspasar un poco esa línea no pintada que había. Me acuerdo de, por ejemplo, “Recuerdo de una noche” donde dice algo así como “así que cuando me sacó ese gordo de la cárcel es porque te remordía la conciencia… yo creía que era por mis piernas” cosa que nunca me imaginaría de Jean Arthur, por ejemplo, aunque sí de Claudette Colbert, que también tenía esa facilidad de meter un poco de picante en sus conversaciones con el sexo masculino.

Y como siempre, un poquito de su vida privada para terminar, se dice que el guión de 'Ha nacido una estrella' (A star is born, 1937) se inspiró en su matrimonio con el actor Frank Fay, quien estaba obsesionado en hace de su mujer una estrella. Adoptaron a un niño y se separaron en 1936. En 1939 se volvería a casar esta vez con Robert Taylor de quien se divorció once años después debido a sus numerosos romances con Ava Gardner o Lana Turner entre otras. Murió a los 82 años en Santa Mónica a causa de una enfermedad cardiaca. Estuvo nominada a los oscar en cuatro ocasiones y nunca lo ganó, pero en 1981 recibió el honorífico por toda su carrera y se lo dedicó a su gran amigo y compañero en “Sueño dorado” (Golden Boy, 1939) William Holden recién fallecido