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Cine clásico: ‘Qué verde era mi valle’ hasta que desperté.

- Estoy empaquetando mis cosas en el pañuelo que llevaba mi madre cuando iba al mercado y me voy de mi valle. Y esta vez, no regresaré jamás.

Ficha: Qué verde era mi valle

Hace ya unos cuantos años descubrí y me enamoré de una de las mejores comedias de la historia de la televisión, Frasier. Os preguntaréis a qué viene esto, pero para todo hay una razón. En uno de los capítulos Frasier estaba desesperado por alquilar “Qué verde era mi valle” (How green was my valley, 1941), llegar a su casa y disfrutar a solas (para poder llorar a gusto) de la película. Obviamente tiene el mundo en contra y no le será tan fácil conseguir su objetivo, pero hay algo que sí que consiguió, picar mi curiosidad.

Ahora que ya sabéis cómo llegué yo al film, vamos a centrarnos un poco más en él. John Ford, sin duda uno de los mejores directores de la historia, elige en esta ocasión a una humilde familia de Gales para mostrarnos lo grande que puede ser el cine. Enamorado del guion de Philip Dunne, se propuso durante el transcurso de la II Guerra Mundial recrear un pequeño pueblo minero en la mismísima California, posiblemente si hubiera esperado hasta el final de la guerra podría haber ido a Inglaterra a rodarla, pero Ford era de esos que se hacía grande ante la adversidad.

El argumento de este film es tan simple como decir que no hay argumento o que hay un millón, es la vida misma y sus derroteros. La historia nos cuentas las desventuras de la familia Morgan, dedicada a la minería en una época de cambios, tanto sociales como económicos. A través de los ojos del hijo menor, narrador de la historia, vemos cómo una familia se resquebraja, se une, se pelea, se apoya o afronta los problemas de la dramática situación en la que viven. El cabeza de familia (Donald Crisp) vive orgulloso viendo cómo sus cuatro hijos mayores trabajan en la mina con él y su única hija (Maureen O'Hara) se convierte en una buena mujer y ama de casa gracias a las enseñanzas de su esposa (genialmente interpretada por Anna Lee). En casa se reconoce su autoridad y se le trata con respeto, pero todo esto cambiará cuando sus hijos decidan ir a la huelga y crear una unión sindical para defender sus derechos. En un momento verá como su familia y su pueblo se le vuelve en contra considerándole un esquirol.

El guion de Dunne le da un formato casi episódico a la trama, pero es lo que pasa en realidad, la vida continúa y después de un problema viene otro, ya hayamos solucionado el primero o no. La fotografía de Arthur Miller se realiza en un precioso blanco y negro porque el paisaje californiano donde se rodó y el inglés que representa no son demasiado parecidos, y da el dramatismo necesario para contar la película.

Me quedo corta al intentar analizar la temática de este título, aparte de lo ya comentado, la película va mucho más allá. Todo el film es un canto a la añorada Irlanda natal de John Ford, donde las familias son numerosas y están unidas por una fuerte moral cristiana. La religión se respira casi en cada escena, pero es una visión de la religión sin fundamentalismos, donde el trabajador y colaborador con su comunidad es admirado, como el clérigo Gruffydd (Walter Pidgeon), y no quien solo utiliza las escrituras sagradas para poner en evidencia o escandalizar. Toca temas tan profundos y variados como la lucha de clases sin violencia; los comienzos del socialismo; las primeras veces que salía a relucir la palabra “América”, con todo lo que ello significaba; el fin de la infancia, donde todo deja de ser verde para empezar a tomar matices.

John Ford trabajaba de una forma tan concienzuda que hasta en escenas aparentemente insustanciales como la salida de la iglesia de Angharad, Ford no parará hasta que el velo de Maureen O’Hara de una vuelta completa en el aire. Esta mezcla de talento y perfeccionismo es lo que le llevó hasta lo más alto, llevándose el Oscar por encima de “Ciudadano Kane” (Citizen Kane, 1941) sin despeinarse, ni falta que le hace, ya que es un título que se queda a vivir con los que ya lo hemos visto, como Frasier o yo.