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Cine Clásico: 'Con los ojos cerrados', adiós al american way of life.

- Si en estos momentos no estuviéramos casados y fueras libre, ¿te casarias otra vez conmigo?

Ficha: Con los ojos cerrados.

Es borrosa línea donde se pone fin al cine clásico nos permite introducir títulos distintos a lo visto hasta hoy en este blog. El de hoy es un film practicamente desconocido. Dirigido por Richard Brooks, un maestro en estas lides, y protagonizado por su mujer, la fantástica Jean Simmons. "Con los ojos cerrados" (The happy ending, 1969) empieza a desprender cinismo desde su título en inglés. Ese juego de palabras con el concepto de final feliz que nos vende el cine. Ese estilo de vida al que la generación de los 50 y 60 tuvo que aspirar quisiesen o no.

La película comienza con toda una declaración de intenciones. Tras unos minutos de idilica pareja, en la boda vienen a la mente de la novia esas películas que terminan con el beso en el altar de los novios y un gran "The end" que acompaña. Aquí, sin embargo, es el punto de partida. Rápidamente viajamos a su 16º aniversario de boda. Lo que en sus comienzos pudo ser amor ahora es una presión que ahoga a Mary Wilson (Jean Simmons). Una mujer que ni se siente realizada, ni importante, ni valorada nisiquiera escuchada. Esta generación ya ansiaba algo más pero el mundo no les permitía cogerlo. La gente de mediana edad ya estaba desencantada, como "El nadador" con Burt Lancaster.

Ambiente de constante represión que tiene que explotar por algún lado, unos beben y otros tienen amantes. Y nadie se sorprende. Se hace la vista gorda para sobrellevar la existencia. Es una sociedad falsa, de cartón piedra que no se sostiene. El guion va urdiendo una grieta que nos deja ver todo lo que hay debajo. Para los que no hemos vivido una sociedad que nos marca tan obstinadamente un camino es desolador ver a mujeres inteligentes e inquietas atrapadas en un rol hueco.

El guion de Richard Brooks, por entonces marido de Simmons, se basa directamente en ella y sus problemas con el alcohol. Jean Simmons consigue una muy merecida nominación al Oscar. Sobre ella gira la película y está perfecta. Simmons siempre dio muestras de su gran trabajo como actriz pero pocas veces tuvo la oportunidad de un protagonista con estas características. John Forsythe es el típico marido triunfador que de cara a la galería mantiene siempre la compostura. Shirley Jones y Lloyd Brigdes son un soplo de aire para historia. Se cambia de aires, introducen un tono más distendido y nos permiten conocer más a nuestra protagonista.

La pata que flojea es sin duda su parte puesta en escena. Su fotografía y especialmente su banda sonora se han quedado obsoletas. Casi roza el nivel de película para televisión. Rodada en 1969, el cine clásico ya agonizaba y el contemporáneo destacaba en autores o vanguardias concretas pero aún tampoco se había establecido. La historia se ve deslucida pero su mensaje llega claramente y prevalecerá en nuestra mente.

Brooks y Simmons no dan tregua. Prácticamente cada conversación, especialmente entre mujeres, es una muestra de esa opresión. Cada frase va poco a poco martilleando hasta rompernos. Vemos como el sueño americano era una farsa, una engrasada máquina de infelicidad. Toda una generación que se resquebraja ante nosotros.